A veces se dice que “lo que abunda no daña”, pero en muchas ocasiones esto no es así. Y esto pasa, por ejemplo, con la sal. No se trata de demonizarla ni nada de eso, porque es un elemento necesario en la alimentación. Pero nuestro organismo la necesita solamente en cantidades mínimas, y los excesos, como suele pasar, resultan perjudiciales. Ahora, ¿se puede comer con menos sal de lo que acostumbramos? La respuesta es un “SÍ” grande como una casa, y de eso vamos a hablar hoy.
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