Publicaciones de blog de Adriana Balaguer

  • ¿Novio o hijo?

    Amor prohibido. Amor resistido. Socialmente rechazado. Ella tiene 40 años y el 15. Viven en Mendoza, Argentina, y se conocieron por el chat. La relación tiene más de tres meses, han intimado, y la familia de él ahora la denuncia por "abuso sexual". ¿Qué hubiera pasado si en vez de ella, el mayor hubiera sido él? ¿Es sólo un tema de género o nos molesta la diferencia de edad?

    Rita V. tenía planificadas sus vacaciones en Miami. Había invertido parte de sus ahorros en este viaje, que realizaría con dos de sus mejores amigas de la vida. Las tres viudas, las tres mayores de 60. Una aventura postergada por años, décadas, que había llegado el tiempo de concretar.

    La segunda noche que salieron, cansadas por las largas caminatas por la playa, las tres mujeres se disponían a tomar un trago tranquilas en un bar con vista al mar, cuando la música empezó a hacer imposible cualquier charla. Entonces, Rita las animó a salir a bailar solas a la pista. Estaban matándose de risa, tratando de no perderse

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  • Lectora de contratapas

    Las librerías han perdido la magia de antaño. Ya no son lugares silenciosos atendidos por sus dueños. Es raro que quien atiende a los potenciales clientes conozca la ubicación de los libros solicitados, salvo que estén en la mesa de novedades.

    Hoy, cada ejemplar que compramos es una victoria del marketing. Tapas vistosas, afiches impactantes. Pero sobre todo, autores mediáticos. Sí, de esos que ya se garantizaron el éxito con algún programa propio en la televisión y que son concientes de que tienen que publicar antes que se les pase el cuarto de hora. Tampoco es cuestión de llegar al final del camino sólo habiendo plantado un árbol y tenido un hijo…

    Si el mundo editorial ha cambiado es porque el lector promedio ha cambiado. Raquel B. no dejaba de entrar a la librería cuando salía de compras. Tenía una libretita donde anotaba los libros que le iban recomendando sus amigas, pero sobre todo, los que aparecían al tope de los rankings. Compraba no lo que creía que le podía gustar, sino lo

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  • Compras reveladoras

    Las mujeres tenemos fama de compradoras compulsivas, de adictas al shopping. Que no es lo mismo que decir que todos los paquetes con los que volvemos a casa son para nosotras… De hecho, hay un montón de mujeres que odian comprarse para ellas. Gastan en sus hijos, en sus parejas, en sus amigas, pero no en ellas. ¿Autoestima baja? ¿Dificultad por enfrentarse con la verdad reflejada en el espejo del vestidor de una boutique? ¿Culpa por cargar las tarjetas de crédito con gastos destinados sólo a satisfacer el deseo de vernos bien?

    Susana T. no resistía volver a su hogar con las manos vacías. Y tan mal se sentía por este impulso que solía deshacerse de las bolsas de nylon o papel antes de atravesar el lobby de su edificio. Aunque comprara para sus hijos, ella guardaba lo que fuere en el interior de su cartera, suelto, sin envoltorio. Creía que así pasaba desapercibida su adicción, y de paso, se libraba de la eterna mirada incriminadora del portero.

    "¿Otra gorra mamá?", preguntaban sus hijos

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  • Vivir acelerada

    Aprovechar el tiempo. No dejar para mañana lo que se puede hacer hoy. Vivir a pleno. Distintas formas de justificar la velocidad que le imprimimos a nuestra vida. Pero, ¿nos da placer este ritmo vertiginoso?

    Graciela S. no paraba. Gracias alfeminismo era una mujer independiente (hoy eso se traduce en ser profesionalmente exigente, familiarmente omnipresente y socialmente hiperactiva).

    Su día empezaba a las 7 AM, con el tiempo contado para despertar a sus tres hijos, prepararles el desayuno y ponerlos arriba del transporte escolar. Mientras compartía el café con su marido, repasaba la agenda de trabajo del día y repartía las tareas domésticas con él:

    “Vos pasas por la tintorería, yo por el supermercado. Al dentista de los chicos voy yo, no te preocupes. Pero acordáte que esta noche salgo con mis amigas y vos te quedas con ellos. Para la cena ya compré dos pizzas –están en el freezer- y les reservé un DVD, que hay que ir a buscar. Ah…y esperame despierto que estoy muy mimosa”.

    Así,

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  • Ni azúcar ni edulcorante

    Tomar decisiones suele estresarnos. Escoger un camino implica abandonar otros. En general las opciones que tenemos para elegir siempre tienen un costado favorable, tentador. Y nos confundimos.

    Todo endulza, el azúcar y el edulcorante. Por eso a la hora de discernir qué nos conviene, debemos aprender a contemplar los beneficios que nos proveerá nuestra elección en el mediano y largo plazo. Analizar la posibilidad de no escoger ninguna de estas dos alternativas, también es una opción. ¿O no hay quienes prefieren el café amargo?

    Paula Y. estaba a punto de casarse cuando entró en escena un viejo amor. Casi como si las brujas se lo hubieran mandando para la despedida de soltera. “Solo quiero verte. Me acabo de dar cuenta que sos la mujer de mi vida”, le dijo sin vueltas por teléfono. De otro lado de la línea, su corazón explotó. Apenas pudo recostarse contra la pared y deslizarse hasta terminar sentada en el piso. “Vengo complicada, me caso en un mes. Pero dejame pensar”, le contestó.

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  • Estrés infantil

    Que la agenda de un adulto esté superpoblada no es una novedad. Pero que también lo estén las de los chicos, sí. Hoy encontramos padres abrumados por darles a sus hijos lo mejor para su formación. Todo es poco con tal de “sobrecultivarlos”.  Los días transcurren de las clases de piano, a las de circo; de las de ballet a las de cerámica. Eso sí, los pequeños sólo añoran un tiempo sin reloj, una tarde cualquiera en la que poder treparse a un árbol y jugar a los piratas.

    Gabriela F. veía en su hijo de 6 años cualidades dignas de un superdotado. Detrás de una nueva marca de tiempo en la carrera por armar rompecabezas, sentía que estaba la cabeza de un Einstein en miniatura. Y quería hacer rendir al máximo ese talento.

    Para ayudarlo a desarrollar su pensamiento abstracto, lo mandaba a clases de ajedrez, a teatro, a aprender unas técnicas orientales para realizar cálculos matemáticos mentalmente, y al colegio, doble turno. Además, siempre estaba buscando alguna otra actividad para sumarle a

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  • Hiperconectada

    Notebook bajo el brazo; PC en la oficina; Blackberry en el maletín; iPhone en la cartera. Imposible no estar en red. Siempre lista, alerta, dispuesta a hablar o a escuchar; a informar o ser informada.

    Rocío M. vivía online, funcionaba a batería. Chateaba con sus amigas, con su novio, con desconocidos. Intercambiaba mensajes de texto; mandaba mails; hablaba y hablaba por teléfono.  Es más, cuando se iba a dormir, a la noche, no podía conciliar el sueño si no la arrullaban los timbres que nacían de sus queridos aparatitos.

    Y cuando se encontraba con alguien, en un café, en un restaurante, en una fiesta, era mínima la cantidad de tiempo que le dedicaba, en comparación con el que invertía en estar comunicada con otro que no estaba ahí mirándola, sonriéndole, acariciándola.

    Alguna vez, estresada después de una semana complicada, decidió apagar todo el viernes, y descolgarse. Dar ocupado, ser un mensaje en el contestador automático. Pero presa de la abstinencia, el sábado temprano ya

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  • Amores explosivos

    Silvio Berlusconi, el primer ministro de Italia, exige a Lario, su esposa desde hace 19 años, que se disculpe públicamente por haber anunciado (en medio de su campaña electoral) que se divorciará tras haber comprobado que él mantiene, desde hace un tiempo, un romance con una joven que acaba de cumplir los 18, y que lo llama “papi”.

    No es el primer incidente público que protagoniza la pareja. Hace solo un par de años, y después de piropear ante las cámaras de televisión a una periodista, diciéndole que “si no estuviera casado se casaría con ella”, el hombre fuerte del gobierno italiano debió pedirle a su amor de toda la vida, que lo perdonara. Y lo hizo, siguiendo su norma, ante cientos de micrófonos del mundo.

    ¿Qué lleva a estas parejas a ventilar sus problemas maritales? ¿Se trata de corazones heridos buscando solidaridad o de adultos negociando a viva voz el monto a repartir en el  divorcio?

    Andrea J. y Pablo llevan más de quince años casados. Tienen 4 hijos y se han separado por

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  • El Viagra de los jóvenes

    Hasta hace poco la libido de los jóvenes era garantía de sexo pleno. Cuando apareció el Viagra a nadie se le cruzó por la cabeza que la mágica pildorita azul iba a terminar siendo utilizada por los hombres a partir de los 20 años. ¿Sobrexigencia femenina o mandato machista?

    Viviana R. hacía poco tiempo que había cruzado los 40 y se había separado de su pareja de toda la vida (quien le llevaba más de 15 años de edad), cuando les confesó a sus amigas que estaba viviendo un nuevo romance. Más allá de la sorpresa por la rapidez con la que había superado el duelo, lo que sus amigas  no podían creer era la edad del flamante candidato. “Pero si es un chico, no tiene más de 30…”, comentaban por lo bajo al verlo aparecer, viril, montado en su moto plateada.

    A partir de entonces, el affaire se convirtió en “el tema” de todas las reuniones. Viviana las deleitaba con los detalles de una relación que día a día iba subiendo la dosis de erotismo. Finalmente, la noche tan esperada por todas llegó. Y

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  • Sexo complaciente

    Una investigación realizada por cuatro sociólogas inglesas asegura que a la hora del placer sexual, a las mujeres les interesa más la satisfacción de sus parejas que la propia. Incluso, la teoría que originó el libro “The Male in the head”, que palabra más palabra menos quiere decir “El macho en la cabeza”, establece que las relaciones entre ambos sexos se rigen por códigos masculinos. “El sexo empieza y termina en el hombre”, dice Janet Holland, una de las autoras del trabajo.

    Para muestra, basta el caso de Sara B. Ella sabía qué deseaban los hombres de una mujer. Y vivía para complacerlos. En lo que respecta a la imagen, cumplía al pie de la letra con lo que manda el estereotipo social de la “mujer atractiva”: boca carnosa y sonrisa radiante; busto prominente y piernas largas. Pero sobre todo, andar felino y mirada desafiante.

    La imagen que “vendía” no se veía opacada en la intimidad.
    En la cama, se movía dispuesta a no desilusionarlos. Sabía perfectamente qué hacer y qué no. Les

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