Llegaste tarde y cansada de la facultad o del trabajo. O has estado
todo el día haciendo trámites odiosos e interminables y llegas a casa
agotada. O hace un calor espantoso, pesado, que te hizo bajar la
presión, te sientes como un panqueque, lo único que quieres es tirarte
en la cama. O recién llegas del gimnasio. Tienes el pelo pegoteado
porque llueve y acabas de llegar empapada y transpirada, no tuviste
tiempo de pintarte las uñas anoche y tus manos se ven desprolijas. Un
día complicado por donde lo mires.
En ese momento, en ese preciso
momento, suena el teléfono y te llama un amigo para salir a cenar, el
lugar y el amigo te encantan. O te llama tu amiga del alma para decirte
que tiene entradas para un concierto soñado que comienza dentro de una
hora y media.
Puedes hacer dos cosas: decir "No gracias",
quedarte en casa, arreglarte con calma para mañana y luego...
¡arrepentirte para siempre por haberte perdido el programa!, o aceptar,
resolver con tus mejores recursos la
