Amigas, partamos de una base de realismo. Hace años, en las épocas de las abuelas, la infidelidad también existía, solo que no nos enterábamos (o no queríamos enterarnos), y la relación seguía como si no hubiese sucedido. Hoy, como la fidelidad es un valor cuestionado, cuando nos son infieles normalmente nos damos cuenta o nos lo dicen, con lo cual, debemos hacerles frente a estas situaciones.
La experiencia con la infidelidad hoy ya no es rara, ni algo por lo que una mujer engañada deba sentirse culpable o responsable. Sin embargo, la culpa y preguntas como "¿qué hice mal?" ocupan todo el mundo de una mujer cuando se da esta situación.
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Se han violado las emociones, la confianza ha sido traicionada, y esto acarrea el sentimiento de haber sido engañada y estafada.
Sin embargo, los hombres no hacen trampas por razones vinculadas con las mujeres únicamente, sino por motivaciones personales. La infidelidad es una opción personal, y los hombres (convengamos en que también las mujeres) suelen ser muy conscientes de los riesgos y consecuencias que trae. La decisión de engañar a la pareja deriva exclusivamente de los deseos del hombre y sus prioridades.
