ACTIVIDAD DE TUS AMIGOS

    Laura: El mejor empujoncito es el que no se da

    Hace unos meses, mi amiga Laura conoció a un tipo que le gustó en un bar. Un hombre que parecía también estar interesado en ella. Todos los días la saludaba por Facebook y le compartía vídeos de heavy-metal, sabiendo que le gustarían, pero, por alguna razón, no la invitaba a salir. Ella siguió conociendo a más personas y, de repente, todo cambió.

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    —No sé qué pasó, pero ayer me pidió mi teléfono —me dijo en una de sus ya características llamadas a mi oficina.

    —Es que has estado distraída, primero con el patán y después con el chavito —le recordé—. Supongo que por eso reaccionó así.

    —No —dijo ella—, ha de ser casado, porque nunca le mencioné que saldría con alguien más.

    —Yo creo que más bien es medio tardo —inferí—. Mujeres y hombres nos damos cuenta por igual cuando alguien se nos está escapando. Lo olemos. Unos actúan al respecto y otros, los resignados, te dejan ir. Por cierto, ¿qué pasó con el chavito?

    —Nada, ya no nos volvimos a hablar —dijo Laura—. Fue cosa de una noche.

    Para el siguiente fin de semana, mi amiga —por fin— salió con el Chocolatito, pero esta vez sin estrategias ni planes sofisticados. Simplemente hicieron lo que hacen todas las parejas del mundo en sus primeras citas, fueron al cine y a cenar algo. Se la pasaron bien, según me platicó, pero sobre todo platicaron mucho. Hicieron un recuento de los grupos que les gustaban, hablaron de sus trabajos y de todo aquello que sirve como un manual introductorio sobre la personalidad de cada uno, excluyendo la información que sí es importante.

    —No le pude decir que soy divorciada —me dijo bajando la voz.

    —Bueno, pero por tu edad, tal vez lo dedujo, ¿no? —respondí.

    —No creo, le dije que tenía 28.

    —¿Te quitaste casi diez años?

    —¡Óyeme, me veo joven! Además me creyó.

    No puedes empezar una relación con alguien cuando hay toda una base de mentiras —dije—. Si quieres algo más serio con él, vas a tener que decir la verdad.

    —Ash —respondió ella.

    Cuando colgamos me quedé pesando en todas esas relaciones fallidas en mi pasado y cuántas omisiones de información existieron de cualquiera de las partes. Todos esos detalles que van apareciendo como cuando se compra un auto usado a muy buen precio. Esas fallas y descomposturas que pasan desapercibidas en la emoción de encontrar una ganga. Si tan sólo nos pudiera acompañar un psicoanalista a las primeras citas, como se lleva a un mecánico a evaluar un coche antes de comprarlo.

    Laura y el Chocolatito siguieron saliendo, iban a conciertos y veían películas de terror. Aunque él siguió compartiéndole vídeos y curiosidades que encontraba en Internet, el ciberespacio dejó de ser su punto de reunión y se convirtió en el complemento que siempre debió ser. Las llamadas diarias que me hacía Laura prácticamente desaparecieron. Ya no necesitaba pensar tanto las cosas o pedir consejos a sus amigos. Simplemente las hacía.

    La siguiente vez que supe de ella fue durante uno de esos tantos días feriados que hago todo menos descansar. Su relación empezaba a ponerse seria y me envió un mensaje de texto que decía:

    "Estoy de vacaciones con mi familia y el Chocolatito me escribió que ha estado pensando mucho en mí. Haz tu buena  acción del día y dime qué le contesto. No quiero verme urgida, pero sí mostrar que me gusta :)"

    Después de tanto tiempo de soltería, de ver relaciones que se cayeron con el mero soplido del viento, es lógico pasar por esos momentos de incertidumbre. Le respondí, tratando de hacer que mis ideas cupieran en la pequeña caja de texto que aparecía en mi celular. Pero después de reconsiderarlo, únicamente le recomendé que fuera más libre y que firmara el mensaje mandándole un beso para reafirmar el cariño.

    La semana siguiente me volvió a llamar.

    —Tenías razón, no es casado. También le dije mi edad y que soy divorciada.

    —Qué bueno, y ¿qué te contestó? —indagué.

    —Nada, me dio un beso y me pidió que fuera su novia.

    —Y, ¿luego? —respondí contento.

    Ya ando con el Chocolatito.

    Me contó hasta el último detalle y me pidió un último favor:

    —Cuando lo conozcas, no le digas por su apodo. Se llama Pedro.

    Twitter: @AnjoNava


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