ACTIVIDAD DE TUS AMIGOS

    Desesperadas
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      Hay una edad en que las mujeres, si no están en pareja, es porque no tienen energía para salir a buscar un amor. No es que estén descreídas, aunque también esto puede suceder, si no más bien que las agota el solo imaginarse contándole a otro toda su vida, sus deseos, sus frustraciones. Ni que hablar, además, de tener que aceptar a ese otro con sus mañas, sus defectos, sus rutinas (sexuales y de las otras). Y de tener que "producirse" (depilarse, teñirse, alinearse) y estar seductora las 24 horas de los siete días de la semana, tiempo más que suficiente para tirar la toalla si es que realmente nos interesa el candidato, y dejar de desvelarnos por el rollito que se escapa al sentarnos o la suavidad del bozo.

      Trini B. está más cerca de los cincuenta que de los cuarenta. Es una mujer jovial y bien plantada. Tiene un buen trabajo, casa y auto propio, y efectivo para ir a cenar a donde le plazca. Pero después de dos matrimonios y varias parejas, está sola desde hace 2 años.

      Una vez

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    • Sigilosas, discretas, escondedoras, las mujeres han hecho de las suyas por años, sin que nadie encontrara pistas como para reprocharles sus amoríos. Pero los hombres sospecharon de tanta lealtad, y decidieron delegar en profesionales el control de la independencia femenina. Hoy, según una encuesta, los investigadores privados tienen entre sus principales clientes a maridos desconfiados. Las mujeres que los contratan ya son minoría

      Cristina F. no era de salir mucho sola. No trabajaba y sus hijos ya estaban grandes. Es más, era una excelente anfitriona en las reuniones que con cualquier excusa organizaban sus amigas todos los jueves a la noche. Su única rutina fija era ir, sí o sí, esos mismos jueves, a la peluquería. "Una mujer, cuando madura, necesita más mantenimiento", solía bromear cuando su marido le preguntaba por qué gastaba tanto en el salón de belleza y por las dudas, sugería: "¿No tendrás un amante vos, no?.

      Además de masajes, todas las semanas Cristina se peinaba y se

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    • De adolescente, Virginia B  no era de las que iba al frente, prefería dejarse seducir. Bastaba con una mirada, tímida y recatada, para que el varón de turno hiciera el resto. Pero a medida que fue creciendo, lo que siempre  había dado resultado comenzó a complicarse. Sus amigas habían desarrollado tácticas de marketing directo mucho más agresivas, y cuando salían juntas, los hombres no llegaban a ella.

      Había una primera línea de combate que ganaba con sus minifaldas; una segunda, que ya acodada en la barra, era pura risa y trago largo, y que rápidamente invitaba a la pista de baile; y recién después estaba el grupo de las intimistas: esas que un poco por no sentirse a gusto en ninguno de los otros dos grupos, compartían rincón y no paraban de conversar entre ellas toda la noche. 

      Este último era su grupo de pertenencia. Si estaba con ellas, no se aburría. Despotricaban contra todo el mundo. Incluso, si algún hombre asomaba la cabeza, rápidamente se la cortaban. Pregonaban el “ya no

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    • Desde que rompió con su novio del club, Paola F. aceptó todas las invitaciones de sus compañeras del trabajo, de gimnasia, de la secundaria, para presentarle a cuanto hombre disponible conocían. La selección previa realizada por sus amigas le garantizaba que los márgenes de riesgo habituales al salir con un desconocido se achicaban.

      Entre los pros y los contras de esta ayuda se había encontrado, eso sí, con que muchas de sus  amigas casadas oficiaban de celestinas, pero en realidad estaban personalmente entusiasmadas con el candidato. “Dale, avanzá que es un divino, si yo pudiera...”, insistían al enterarse de que ya estaba en marcha una primera invitación para salir solos.

      También había notado que si bien era cierto que la preselección le facilitaba la búsqueda, le complicaba un poco más las despedidas. “No funcionó, ¿cómo se lo digo? Es el padrino de la nena de mi mejor amiga”, se encontraba pensando mientras alisaba su pelo para lo que ella ya sabía sería la última cena con el

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    • La oxitocina es la responsable del enamoramiento y del amor hacia nuestros hijos. Es liberada por el hipotálamo y un estudio de la Universidad de Claremont, California, descubrió además que potencia la generosidad. Incluso, otras investigaciones han confirmado que hay una relación entre los niveles de oxitocina y el sentimiento de confianza hacia otras personas (a mayor cantidad, más empatía).

      Conocidas todas sus virtudes, el mundo científico se lanzó a la búsqueda de la fórmula para reforzar la presencia de oxitocina en el cuerpo. Una forma apolítica de contribuir a la paz en el mundo; de fomentar la procreación en sociedades con pocos nacimientos; de incentivar el cooperativismo entre las personas.

      Hoy, esa ilusión se ha hecho realidad, la compañía norteamericana VeroLab ha presentado un spray a base de oxitocina: Liquid Trust (confianza líquida). ¡Un aerosol para quererse más! El sueño imaginado por John Lennon al alcance de la mano.

      Morena L. estaba obsesionada con la vida de su

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    • No siempre el mejor amigo varón es gay. La mayoría son heterosexuales y seguramente reconocemos en ellos virtudes físicas y de las otras que los convierten en personas atractivas, interesantes. Por eso los frecuentamos y los queremos. Por eso son nuestros amigos. ¿Pero qué pasa cuando la cabeza se rinde ante el llamado del cuerpo y por esas cosas de la vida, estrechamos lazos en cuerpo y mente y amanecemos juntos sin ropa interior? ¿Hay retorno?

      Sofía N. tenía un grupo de amigos desde el secundario. A diferencia de otros grupos, el de ellos nunca se había "contaminado" con noviazgos internos. Otro dato poco común: siempre habían aceptado de buena gana la incorporación de los novios y novias ocasionales de sus integrantes. "No somos celosos", decían a los recién llegados a la hora de las bienvenidas.

      Un verano decidieron salir juntos de vacaciones. Las cabañas eran mixtas, nada de los chicos por acá, las chicas por allá. Se conocían desde hacía tanto tiempo que algunos pudores ya se

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    • Hay mujeres que no encuentran hombres para
      salir. Son mujeres sensuales, interesantes. Tienen personalidad, una carrera
      profesional que las hace independientes, económicamente hablando. Pero cada vez
      que consiguen un candidato, a la semana ya están solas otra vez. Son las mismas
      que pregonan que ya no hay hombres.

      Y están las otras, que tienen la misma edad que
      las desesperadas por enganchar novio, que además tienen hijos, y que cada vez
      que salen a tomar algo, encuentran un pretendiente con objetivos, si no serios,
      por lo menos duraderos.

      ¿Qué diferencia a unas de otras? ¿Por qué
      algunas tan poco, y otras tanto? 

      Mariana R tiene 38 años y es madre. Pertenece
      a este segundo grupo. Conoció a su actual pareja en un bar de Montevideo, a
      metros de la porteña avenida Santa Fe. Estaba con una amiga, daiquiri en mano,
      cuando un caballero se acercó y comenzó a susurrarle cosas al oído. Después de
      varias copas compartidas, él se ofreció a llevarla (en el auto de ella) a su
      casa, donde le dio

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    • Irene B. tenía cáncer. Ya no estaba bajo tratamiento y pesaba un poquito más de 40 kilos. Su cuerpo casi no le pertenecía, lejos estaba de parecerse a la mujer briosa y llena de rulos de antes de enfermarse. Pero aún estaba viva y se aferraba a las cosas que le daban placer. Una tarde salió de compras con dos de sus amigas. Una excusa para disfrutar de un ritual que por  años había sido un placer compartido: pasar perchas y almorzar en algún rincón de la ciudad.

      Tentadas por una pollera naranja que hizo de carnada, las tres entraron a un negocio de ropa dispuestas a revolverlo todo. Camino al cambiador, y con la pollera cautiva entre sus manos, Iene tomó un par de prendas más, como para que el esfuerzo de desvestirse  tuviera sentido. Entre ellas, cargó un jean que estaba en un canasto de ofertas.

      “¿Cómo puede ser que no me entre?”, dijo indignada mientras abría la cortina del vestidor de par en par. Unos cinco centímetros separaban una punta de la cintura de la otra. “¿A quién le va

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      “¡A ver si te animás a besarme en la boca delante de todos!", le dijo Nicolás Sarkozy a Carla Bruni en la primera cena compartida. El ya era presidente de Francia, y ella, en apenas siete semanas, se convertiría en la primera dama. La anécdota tiene su carga de audacia más allá de la envergadura de sus protagonistas. Respira sensualidad, seducción, pero sobre todo "intimidad". ¿Hay algo más íntimo que entrelazar las lenguas en un beso?

      Estudios recientes emanados de la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, confirmaron que basta un beso para evaluar un candidato para el apareamiento. Y gracias a Dios, hoy el 90% de los seres humanos se besa. Respiremos tranquilos, entonces: la supervivencia de la especie está asegurada.

      Mónica D. salía hacía más de seis meses con Pablo. Eran una pareja normal, feliz. Tenían buena piel y el sexo no era un obstáculo. En absoluto. Sin embargo, una voz interior la alertaba sobre el futuro de esa relación. Algo no le

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    • Por muchos años es un referente obligado. Sirve para medir al resto de los hombres con los que nos vamos cruzando. Todos son mejores o peores que él. Y es así hasta que nos volvemos a enamorar. Porque al primer amor sólo lo desbanca el verdadero amor. Sin embargo, nuestro corazón le sigue siendo fiel (¿quién dijo que la fantasía del harén es sólo masculina?) y de vez en cuando lo revive en algún sueño.

      Sandra P. había tenido un novio con el que se había estado por casar. Pero no fue. Nada en especial, pero en el último minuto, dijo que no, y se separaron. Vendieron la cama, las mesitas de luz, y no se vieron nunca más. Años más tarde, no muchos, conoció a quien se convirtió en su marido y en el padre de sus hijos. Nada que añorar, felicidad pura.

      Una tarde de otoño, paseaba por el supermercado, con el menor de sus varones sentado en la sillita del carrito, cuando lo vio en idéntica situación (portando carrito e hijo). No dudó, era él, menos pelo, más panza, pero era él, su viejo amor.

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