Uno crece buscando referentes. Personas que nos acompañen en la vida, que nos den confianza, inspiren, alienten. A veces los encontramos en la familia y los elegimos como guías por el respeto que inspira su manera de atravesar el mundo. Otras, los visualizamos en la multitud por su talento y trayectoria profesional, académica y fantaseamos con que nos orienten y aconsejen para poder ser mejores en lo que queremos ser.

Hay distintos tipos de mentoreo:
- Formal o informal: de acuerdo a si existe o no un propósito al momento de encontrarse.
- Especializado: ya que difícilmente una sola persona tenga todas las cualidades que necesitamos en un mentor. Es común tener un mentor o líder para cuidar de la vida personal y otro para asesorarnos en nuestra carrera laboral. A veces podemos tener un mentor para un área bien específica en un determinado momento de nuestras vidas, en el que estando atravesando una fase de aprendizaje importante en esa área.
- De pares: integrado por compañeros/amigos cuya visión valoramos y que nos darán su punto de vista sobre los temas que les consultemos. Este tipo de mentoreo puede ser horizontal o mutuo. Este es diferente al que estamos destacando, que es vertical, donde una persona que tiene más experiencia está al frente de otra, apoyando e incentivando su crecimiento.
Una vez que hemos identificado el tipo de mentoreo que más nos calza a ese momento de nuestra vida, lo importante es poder elegir a la persona adecuada. Si bien sus características serán acordes a nuestras necesidades y ambiciones, hay algunos valores que sí o sí deben tener: talento, generosidad, registro del otro y la autoestima lo suficientemente alta como para aportar certezas y una mirada crítica y fundamentada sobre nuestro objeto de análisis.
¿Tienen un mentor/mentora? ¿Qué valoras de él/ella?
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