Hay quienes consiguen aliviar el estrés del día con una copa de vino en la cena. Están los que lo consiguen gracias a un buen plato de fideos. O después de correr una hora en la cinta del gimnasio. Pero existen mujeres que, agobiadas por las presiones laborales, deciden no comer. Saltean las comidas ante las presiones emocionales. Sienten que “se les cierra el estómago” y empiezan a adelgazar de manera notoria. Si esta situación se prolonga en el tiempo, la ciencia habla de “estresorexia”.
Un estudio realizado por la Universidad de Bristol (Londres) señala que la mujer que sufre de estresorexia generalmente tiene entre 30 y 40 años, está muy bien valorada en su medio y tiene grandes planes para sí misma.
Todo esto no tiene nada de malo, salvo que sea víctima de una cultura del trabajo nada saludable. Por ejemplo, en muchas empresas se les dice a sus empleados que no está bien que salgan a almorzar, y que es mejor que “piquen algo” sentados en el escritorio.
Existen algunos síntomas para poder detectar un desorden alimenticio. ¿Cómo reconocerlo en uno y en los demás? Quienes lo padecen generalmente:
- Inventan excusas para no comer en público.
- Ignoran los comentarios de otras personas sobre la apariencia física.
- Justifican o restan importancia al hecho de saltear una comida.
- Utilizan cafeína o alguna otra bebida energizante o light como reemplazo de la comida.
- Sienten mareos o debilidad física.
Si se trata de superar estos síntomas, lo mejor es, además de consultar al médico, regular y disminuir la cantidad de bebidas estimulantes que se consumen diariamente (café, té, mate), comer cada dos o tres horas alimentos sanos, aumentar el consumo de alimentos ricos en minerales, fibras, y vitaminas (en especial la B, que tiene efectos antidepresivos). Pero sobre todo, poder recuperar el placer del ocio. Y tomar conciencia de que el trabajo no nos define.
¿Qué haces para bajar el estrés?
