La anorgasmia es la dificultad que tienen ciertas mujeres para alcanzar el orgasmo (contracciones reflejas involuntarias perivaginales), tras un estímulo en la región clitoridea y/o de penetración. Puede clasificarse como primaria, es decir, aquella que se produce cuando una mujer jamás alcanzó un orgasmo o secundaria: cuando sí lo ha experimentado pero por distintos motivos, no puede volver a lograrlo.
Es importante autoexplorarse - iStockphotos
Muchas mujeres jóvenes consultan, incitadas por su pareja, quienes suponen ser los responsables de que ellas no tengan un orgasmo. Pero esto no es así: la mujer es la que debe encargarse de alcanzarlo y para eso, es preciso empezar por el principio: conocerse a sí misma. La autoexploración de sus zonas genitales y la masturbación son fundamentales.
"Me acuerdo que cuando estuve por primera vez con mi novio de ese entonces, él me quería penetrar y no podía. Me pidió que le indicara bien el lugar de mi vagina y me puse nerviosa; no sabía dónde estaba. Él se quedó sorprendido y yo, muy avergonzada", cuenta Miriam R, 29 años, y agrega "durante años, me costó mucho encontrar placer cuando hacía el amor, me ponía tensa y pensaba en cosas raras hasta que hice una consulta a una especialista y a las pocas sesiones, revertí totalmente el problema.
En la consulta, la pregunta de rigor es: ¿alguna vez tuviste un orgasmo? Cuando la mujer duda, evidentemente, no lo tuvo porque cuando se lo vivenció, el 'sí' de la respuesta es firme. Los motivos generalmente son psicológicos: falta de información y educación sexual, temores, haber recibido una educación rígida, experiencias penosas, ansiedad, pero fundamentalmente el desconocimiento del propio cuerpo. Muchas mujeres jamás se han masturbado y sienten que está prohibido tocarse 'ahí abajo', por más que hoy en día se hable más del tema. Es común que, por más que no se lo censuraran explícitamente, ellas asumieran esta postura desde el silencio -que es tan o más poderoso que la palabra dicha en voz alta.
De ahí la importancia de autoexplorarse, de mirar los genitales propios, cada parte de la vulva con detenimiento: pasando por el clítoris, los labios superiores, abrirlos e inspeccionar los inferiores. Acariciar las distintas partes y ver qué zonas son las más excitantes. Esto es útil tanto para la mujer misma, como para el hombre. Porque si ella se conoce y le trasmite lo que siente, él también puede conocerla más.
Lo importante es saber que se trata de un problema sexual de resolución simple, veloz.
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