Más de una velada romántica arranca con la cara larga de los dos. Sigue con algunas indirectas y termina siendo un fuego cruzado de recriminaciones. Pero, en algún momento de la discusión, pareciera que todo se da vuelta. La batalla campal se convierte en una batalla sexual.
El sexo después de la pelea - Thinkstockphotos
Sexo y peleas son cuestiones personales de cada pareja. Pero cuando estos dos ingredientes se juntan más de lo debido, la cama se convierte en un campo de batalla. Es cuando uno se empieza a sentir como Julia Roberts en "durmiendo con el enemigo": con muchos desencuentros y pocos, encuentros.
Es cierto que a veces, contadas veces, a través del sexo se sublima la agresión. Pero si no existe ternura y afecto, nada se arregla. Lo económico también tiene que ver con las discusiones pre-sexuales. A veces, cuando una mujer intenta que su marido no se enoje, porque el resumen de la tarjeta de crédito vino por las nubes, lo distrae llevándolo a la cama. No evita la pelea, pero suaviza la situación. Es como si estuviera diciendo gasto de más, pero te lo compenso en la cama, aunque no tenga ganas de tener sexo.
Hablando podemos entendernos
En las parejas estables el sexo implica sentimientos. Y difícilmente se pueda tener buenas relaciones sexuales cuando hay problemas dando vueltas. Si la pelea es liviana, el sexo puede ayudar a aligerar la situación. Pero si la agresión se hace una constante en el vínculo, el erotismo naufraga. Y si es condición sine qua non del juego erótico previo, puede poner en peligro la pareja.
Silvia A. (30 años) "Después de decirme un montón de cosas hirientes, intenta un acercamiento y muchas veces dejamos temas graves sin resolver y yo no me puedo concentrar en la cama. Además, al día siguiente sigo más enojada que antes"
Maria del Carmen "muchas veces discutimos con G. y las peleas terminaban siempre igual: a la media hora él quería arreglar todo con caricias y, aunque yo no tenía ganas de que me tocara, él insistía e insistía hasta que me ganaba por cansancio. Hasta que un día, decidí seguir su juego y nos fuimos a la cama. '¿Ya está, terminaste?', le dije y se indignó tanto que no nos hablamos por dos días. A partir de entonces aprendió a respetar más mis enojos".
Hombres y mujeres tenemos estructuras psíquicas diferentes. A ellos les cuesta entender que el sexo no es la solución sino la postergación de un problema. Las mujeres necesitan afecto, compromiso y comprensión para tener una relación sexual placentera.
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