Los padres tenemos creencias y comportamientos asociados al dormir de nuestros hijos. Las creencias son ese conjunto de ideas que tenemos acerca de cómo, cuánto, dónde y por qué deben dormir. Los comportamientos son todas las conductas que tenemos frente a situaciones de sueño de nuestros hijos: llora y acudimos, viene a nuestra cama y lo dejamos, no quiere ir a dormir y postergamos su sueño, no sabe dormir solo y lo acompañamos, etc.
ThinkstockphotosDe acuerdo a Mona El-Sheikh, dichas creencias y comportamientos se construyen básicamente durante los primeros años de la infancia cuando padres e hijos establecen conjuntamente los patrones de dormir y despertar de la familia. Las dificultades para dormirse son muy comunes en el primer año de vida y la manera de resolverlas que instrumenten los padres será decisiva para que las dificultades vinculadas al sueño persistan.
De acuerdo a El-Sheikh, madres que tienen la creencia de que es importante que su hijo desarrolle independencia para dormir, tienen hijos que duermen más, recuperan solo el sueño cuando se despiertan y tienen menos problemas de sueño más adelante. En cambio, madres que creen que su hijo se sentirá mal si se despierta de noche, tienden a tener hijos con más problemas vinculados al sueño y son más susceptibles al despertar de sus chicos (les resulta más difícil esperar a que vuelvan a dormirse solos o no acudir si llaman). Más aún, continúa la autora, padres de chicos con problemas de sueño expresan mayor dificultad para establecer límites, mientras que padres con una pauta más firme de crianza tienen chicos que duermen mejor.
Los padres que estimulan la independencia a la hora del sueño tienen hijos que duermen más y presentan menos problemas vinculados con el dormir. La calidad de vida de toda la familia se resiente frente a problemas de sueño de los chicos por lo que no es menor pensar en estrategias que facilitan el buen dormir.
Uno de los problemas de sueño más frecuentes es el colecho, o la tendencia a dormir padres e hijos en la misma cama, una costumbre tan perjudicial para el sueño de todos como para el desarrollo de los chicos. De acuerdo a El-Sheikh, el colecho resuelve de manera inmediata los problemas de sueño de los chicos pero perpetúa hacia adelante el problema generando alteraciones de los patrones de sueño que pueden establecerse de manera firme.
Valerie Levine tiene un libro que se llama “Break de Co – Sleeping Habit” en el que enseña a los padres estrategias destinadas a erradicar la costumbre del colecho de la vida familiar. En su texto expresa con claridad algunas nociones a tener en cuenta:
1) A los chicos les resulta difícil aprender a dormir solos y esta es una tarea en la que los padres deben ayudar. La transición no es fácil para ningún niño y los padres deben resistir a la tentación de evitarles el sufrimiento.
2) La convivencia en la cama parental quita tiempo de intimidad a los adultos, tiempo de oro para la familia que debe ser respetado y buscado. “El tiempo de calidad pasado con el cónyugue es bueno para el físico y el alma”.
3) Compartir la cama no es necesario para que se establezca una pauta de apego (afecto) con los chicos.
4) El tiempo compartido en la cama al dormir no es tiempo de calidad.
5) Compartir la cama con los chicos no resuelve problemas maritales.
6) Dejar a los chicos en la cama matrimonial no colabora con el desarrollo de habilidades socioemocionales.
Los
chicos no deben dormir en la cama de sus padres. Una vez que lo hacen,
es difícil sacarlos. Los chicos creen que es bueno para ellos, y sienten
temor cuando se alejan. Los padres aceptan esta creencia y la validan
dejándolos dormir con ellos. Si tengo miedo de dormir solo, te pido
compañía y me dejás subir a tu cama entonces tener miedo era adecuado…
¿Cómo sacarlos?
En primer lugar dice Levine, ten confianza en que puedes hacerlo y trasmítela a tu hijo.
Cónducete con calma, paciencia y convicción. Explícale a tu hijo que es necesario cortar con ese hábito y que tomarán juntos medidas para hacerlo. Es posible pensar en la aplicación de un sistema de recompensas para ello. Cada vez que duerme solo obtiene puntos o una carita feliz y deberá juntar determinado número de puntos o caritas para obtener una ansiada recompensa (que no debiera ser de valor exclusivamente material). Cambia con él los hábitos y rutinas en rededor del sueño. Establece nuevas maneras de ir a la cama. Hazlo siempre igual. Ponerse el piyama, lavarse los dientes, saludar a papá y llegar a la propia cama para leer un cuento puede ser una agradable rutina para un chico chico. Él la sostendrá si su padre es capaz de hacerlo. El secreto es el propio convencimiento. Un padre convenció modela seguridad a un hijo que duda acerca de lo que se le propone. Ir a dormir a la propia cama es un límite más. Colabora con el desarrollo de la autonomía y el desarrollo de habilidades sociales y emocionales. La transición es difícil para los chicos, pero los padres deben saber que dormir juntos conspira contra la salud de todos.
Referencias:
Mona El-Sheikh. 2011. Sleep and development: familial and sociocultural considerations. Oxford University Press.
Valerie Levine. 2010. Break the Co-sleeping habit. Adams Media
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