Nunca pude comprender el placer que sienten algunas personas al practicar deportes. Reconozco la envidia cuando los observo con semejante fanatismo, pero aunque hice varios esfuerzos jamás aprendí a disfrutarlos. No sólo porque no estoy hecha para la competencia (siempre siento que voy a perder) sino también, y creo que es el punto fundamental, porque soy muy miedosa. Miedo a perder, miedo a lastimarme, miedo a quedar en ridículo, miedo…. Sin embargo, existen personas que son el polo opuesto a mí. No sólo sienten pasión por los deportes sino que además desafían el peligro constantemente. Como si dieran por descontado que las cosas saldrán de la manera esperada, una decisión que sólo depende de ellos.
Thinkstockphotos¿Qué es lo que lleva a alguien a querer arriesgar su vida por el placer de un juego? ¿Es simplemente pasión, hay algo de omnipotencia o tiene que ver con transgredir las reglas? “Depende del caso, no se puede generalizar”, advierte el Licenciado en psicología Patricio Furman, que trabaja en la Fundación Buenos Aires, para la asistencia y formación en psicoanálisis. “En estas personas el peligro es un condimento fundamental, es un desafío y una forma de atravesar el límite. Aunque la rebeldía puede estar, no necesariamente es así”.
Hacer activo lo pasivo
El psicólogo afirma que más allá de lo que el cuerpo exija somos nosotros los que en definitiva estamos haciendo una elección de vida.
-¿Este entusiasmo tiene que ver con su contexto y su historia de vida, o también podría estar en los genes?
-Es cierto que en parte los genes tienen que ver con todo esto, pero de esa manera es fácil lavar culpas. Aunque no soy especialista en genética, supongo que es uno el que elige y en la elección es innegable que está íntimamente relacionado lo cultural y lo social; el contexto. Por eso digo que uno decide más allá de que esté en los genes.
-¿Y la adrenalina, qué papel juega?
-Es una sensación muy fuerte, no se puede negar, pero se mezcla con lo que elegimos. Creo que la mayoría de las personas que se inclinan por este tipo de deportes peligrosos tienen en común que desean hacer activo lo pasivo. Es decir, quizás hay algo que los hace sufrir y tienen la necesidad de llevarlo a otro escenario para confrontar. Es una manera de canalizarlo.
-¿Hay rasgos suicidas en esas personas, aunque sea de una forma inconciente?
-No podría afirmarte nada categórico, pero creo que no obligatoriamente. En esos individuos, el placer y el disfrute están por encima de todo lo demás. Es distinto de los que presentan rasgos de compulsión, que tienen que ver con una insatisfacción constante. Repiten el mecanismo pero jamás tienen la capacidad de generar placer.
-¿Cómo reaccionan la mayoría de los padres cuando su hijo les plantea que quiere dedicarse a esa profesión? ¿Tiene sentido prohibírselos?
-No se puede saber con exactitud pero supongo que reaccionan mal. De todas maneras, hay que ver cómo criaron a sus chicos, quizás ellos están repitiendo un modelo
Tampoco creo que sea bueno prohibirles. Censurar o callar a las personas no tiene sentido. Todo lo contrario, como padres deberíamos abrir un canal que nos permita comunicarnos. El problema está en que ellos lo tomen como una rebeldía del hijo, más allá del riesgo físico. Porque hay que pensar que si es parte de su rebeldía lo mejor que se puede hacer para desactivarla es apoyarlos.
-¿Cómo puede sobrellevar el miedo la familia de alguien dedicado a los deportes extremos? ¿Hay alguna forma de acompañarlos en su fanatismo?
Es esencial tratar de acompañarlos. Para eso hay que interiorizarse en lo que hacen y en lo que sienten. Comprender el por qué de ese placer y, sobre todo, intentar correr ese título de peligro desde una visión lejana y esteriotipada que no sirve. Porque así nunca estarán relajados.
Por otra parte, si los queremos tenemos que tomar más confianza en ellos y saber que tienen gran potencial para la precaución y el sentido común.
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