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    El amor en los tiempos de la niñez

    ¿Se han enamorado alguna vez cuando eran niños? Yo sí, no sólo era muy enamoradiza sino también, muy romántica. El otro día con mis hijas encontramos un diario íntimo que había escrito a los 11 años y recordé que, aunque era pequeña, sufría de verdad por amor. Un amor no correspondido. Los escritos eran una mezcla de inocencia y emociones profundas que, por un lado, ya a mi edad me daban cierto pudor y, por el otro, me enternecían mucho. Pero mis niñas son distintas, no quieren hablar de estos temas. Por ahora les parece algo realmente lejano… o por lo menos es lo que me dicen.


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    Me quiere, no me quiere…

    El otro día la mamá de un chico de la escuela me comentó que su hijo, de 7 años, anda en un conflicto de faldas; porque la niña que cree y dice ser su novia no es la más deseada por él. Pero no se anima a confesárselo. ¡Qué problemática bastante común!, pero entre los adultos ¿no? Parece que los chicos también pueden tener esta emoción que, según dicen, mueve el mundo. Los niños se enamoran, primero de sus padres y luego, cuando comienzan a escolarizarse, de algún compañerito/a o, incluso, de la maestra.

    ¿Debemos tomar en serio esta emoción en los chicos? ¿Hay que preocuparse? ¿Están quemando etapas?

    Efectivamente, hay que tomarlo en serio porque ellos se enamoran de verdad (aunque a veces les dura lo que un suspiro). Pero no de la misma forma que un adulto, sino en el sentido de crear un vínculo afectivo. Están dando un paso hacia su autonomía, formando su propia identidad. Es de una manera mucho más inocente, ingenua y natural que los mayores, por supuesto. Lo cual no quiere decir que no contenga cierta carga sexual, pero apropiada a su edad. Claro que no es lo mismo estar enamorado a los 5 años, que a los 8, a los 12 o a los 15. Pero es bueno que les suceda porque el amor es parte del crecimiento de una persona.

    Muchas veces a los adultos nos da miedo que se enamoren porque vaya uno a saber que es lo que harán. Proyectamos nuestros pensamientos en los de un chico al que aún le quedan muchas cosas por conocer. Pero tenemos que pensar que un niño no tiene los mismos parámetros que alguien que ha vivido toda una vida. No es correcto reprimirlos ni escandalizarnos, porque este sentimiento es una forma de madurez afectiva. Siempre va a ser mejor que nuestro hijo sepa discriminar qué es lo que siente y pueda hablar acerca de ello. Escuchar lo que tiene para contarnos es realmente importante para ambos (padres e hijos). Otro punto importante es que jamás debemos reírnos, ni ridiculizarlos, porque lo único que lograremos de esa manera es que duden de nosotros como confidentes. A la vez, para lograr esa confianza debemos respetar su intimidad guardando sus secretos.

    Tampoco es necesario cansarlos con nuestros consejos, basta con escucharlos que para ellos es sumamente importante. Así como también contarles viejas anécdotas nuestras. De esa manera se sentirán identificados y se darán cuenta de que alguna vez tuvimos la misma edad y nos sucedían cosas similares.

    Algunos consejos para tener en cuenta:
    . Generar un espacio para hablar con nuestro hijo.
    . Saber escucharlo sin emitir juicios de valor o mofarnos de él.
    . Encontrar soluciones de a dos sin dar consejos que lo acosen.
    . Valorar, junto con él, que pueda entender qué le sucede, nada menos que esa sensación tan hermosa.
    . Guiarlo de acuerdo a la edad que tenga. Si es necesario, en especial cuando crecen, hablar de la relación entre el amor, el sexo y el respeto. Pero siempre con mucha naturalidad.
    . Es importante lograr un vínculo de afecto y confianza para que algún día, cuando le toque vivir sus primeras relaciones amorosas, sepa actuar de una manera responsable y que lo haga feliz.


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