Nada es más importante para el desarrollo de un chico que la calidad del cuidado recibido. La calidad del cuidado recibido impacta sobre la competencia social e integración al grupo de pares, el comportamiento social y el éxito académico y, en la adolescencia, la exposición a situaciones de riesgo. La calidad del cuidado parental predice la capacidad de inserción social temprana y, las experiencias sociales y el cuidado parental, predicen o moldean el comportamiento futuro (Borkowski, 2002).
John Bowlby, célebre psicólogo del siglo XX, sugería que, para que los chicos se desarrollaran sanamente, era necesario que sus padres pudieran otorgarle lo que él llamaba, una base segura de apego. Una base segura supone pautas parentales de cuidado y afecto que permiten que, paulatinamente, un chico explore el mundo que lo rodea ganando cada vez, mayor independencia, con la sensación subjetiva de estar protegido y amparado por el cuidado de sus padres. Así, los padres orientan la inserción social de sus hijos acompañando su crecimiento y desarrollo, y su inserción al entorno social de pertenencia.
Una de las maneras de fortalecer y orientar la inserción social de los chicos es compartir tiempo libre con ellos, en espacios sociales relevantes para la familia.
El tiempo libre en familia es una de las estrategias que los padres tienen para guiar la sociabilidad de sus hijos. Es posible distinguir dos maneras de compartir el tiempo libre en familia: un paseo familiar y la participación en familia de un espacio social con otras familias o personas. Ambas son importantes para el desarrollo de los chicos.
El tiempo compartido familiarmente fuera de casa suele ser percibido por los chicos como tiempo de calidad, espacios generados para estar juntos, programas pensados para divertirse en conjunto. Es importante, no obstante, tener en cuenta la edad de los chicos al momento de seleccionar dichos programas para que sean exitosos y otorguen satisfacción.
Paseos que suponen caminar, andar en bicicleta, pasar tiempo en parques y jardines y estar en contacto con el aire libre, estimulan el desarrollo de hábitos asociados a la vida sana que son importantes para el crecimiento y la salud física y mental.
La participación familiar en reuniones sociales también es importante para facilitar la inserción social de los chicos en su entorno inmediato. En esos espacios los chicos ensayan, cerca de sus padres y con sensación de protección, habilidades sociales que serán fundamentales en su vida futura y en momentos de inserción social independiente. Allí además los padres tienen la oportunidad de observar a sus hijos entre pares y tener una ventana a su vida social que les permitirá después, orientarlos en caso que sea necesario.
Los momentos de esparcimiento compartido permiten construir, conjuntamente, espacios de disfrute común que serán valorados por todos los miembros de la familia a tiempo que se constituyen como factores protectores del desarrollo de los chicos.
Fuente:
John G Borkowski, Sharon L Ramey, Robert Wood
Johnson Foundation, National Institute of Child Health and Human
Development (U.S.), (2002): Parenting and the child´s World: influences
on academic, intelectual and social emotional development. Routledge.
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