“Basta para mi”. Unos días pasados volvía del colegio con mis hijas y me harté. Haciendo un racconto de las últimas tardes, me di cuenta de que siempre les estoy debiendo algo. Si no es la funda del palo de hockey, es la carpeta último modelo que tienen todas sus amigas o las pulseritas que venden en el kiosko de la escuela.
Aunque hiciera el esfuerzo para dejarlas a ambas conformes, no duraría por mucho tiempo porque en seguida tienen otra necesidad urgente que atender. Por un momento me sentí como el burro que corre detrás de la zanahoria. Pienso que dejándolas satisfechas luego se calmarán, pero no sólo me doy cuenta de que su ansiedad empeora sino que, además, me percato de que todo el esfuerzo invertido por conseguir lo que piden es en vano. Porque se olvidan de ese objeto “tan deseado” en un abrir y cerrar de ojos. ¿Cómo puede ser que tengan la creatividad suficiente para pensar en una necesidad distinta cada día?

