"Todo empezó en la sorpresa, en un encuentro casual", diría Silvio Rodríguez en su canción Angel para un final. Y nunca mejor dicho.
Un hijo no buscado, ¿puede ser un hijo deseado? - iStockphoto
La de Eleonora no es la historia más común. Pero tampoco la más rara. Ella y su marido Sergio tenían una vida, a simple vista, bastante feliz. Él con un trabajo más, ella con un buen trabajo. Varios años después de haber criado a sus chicos, en los que estuvo en una meseta profesional, Eleonora por fin volvía a ascender laboralmente.
Tenían dos niños preciosos, bastante grandecitos y sanos, por sobre todas las cosas. Lo que se dice una familia relativamente encaminada. Con los típicos problemas para llegar a fin de mes y con las guerras domésticas que la cotidianeidad se encarga de declarar, como en cualquier hogar. Pero digamos que esa familia ya estaba lista para pasar a otra etapa de la vida, que ya no era la del comienzo, con todos los desórdenes que implica.
Lo si se podía afirmar es que entre Eleonora y Sergio el amor seguía siendo protagonista. Tanto, que un día los puso a prueba… Fue justo después de una de esas noches en las que los niños se habían ido a lo de sus tíos y en el que, como no pasaba hacía un largo tiempo, la pareja pudo sentirse del todo relajada. Hubo lugar para el romanticismo, una copa de vino (o dos), mismos y abrazos. Tanta era la felicidad que se olvidaron de cuidarse, o mejor dicho se creyeron superpoderosos y nada iba a pasarles. Por eso no tomaron la precaución que deben tomar dos padres que no esperan la llegada de un tercer hijo.
Y llegó…
Pasaron uno días, algo más de un mes. La rutina se encargó de que prácticamente olvidaran aquella hermosa velada. Y Eleonora empezó a sentirse cansada, algo extraña. Más tarde vinieron las náuseas y un gran atraso que la llevó urgente a comprar un test de embarazo. Su sospecha se hizo realidad: la cigüeña llegaría en 8 meses con un nuevo integrante a la familia. La paz hogareña corría peligro.
A veces la mejor noticia puede aparecer en el peor momento. Eleonora sentía que no tenía ganas de volver a dar el pecho, cambiar pañales, estar en vela durante varias noches y dejar de lado nuevamente su crecimiento profesional. No quería saber nada de un nuevo bebé. Le parecía un mal sueño del que quería despertar.
Por otra parte, cuando coqueteaba con la idea de ser mamá otra vez, enseguida se arrepentía porque ya no tenía la misma edad que cuando encargaron al primero. Sabía que no es imposible, pero se vuelve mucho más peligroso embarazarse en la cuarta década de la vida.
¿Y cómo se lo diría al marido? Sergio, que venía diciendo últimamente que tenía muchos problemas laborales y que estaba pensando en cambiar de empleo… ¿Cómo harían para mantener a tres chicos? ¿Cómo sería la relación del bebé con sus hermanos más grandes, que le llevaban casi 10 años? Como si fuera una película, todas las ideas se iban cruzando, o mejor dicho atropellando, en su cabeza. Pero todas negativas.
El planteo no se hizo esperar, debido a la angustia que la acongojaba. Y la angustia de Sergio fue peor de la esperada. Tanta, que ella pensó que quizás lo mejor era no tenerlo.
Estuvieron unos cuantos días sin ganas de mirarse. Por las noches se acostaban cada uno con la nariz apuntando hacia el otro costado de la habitación, y el aire se cortaba con tijera.
Sin embargo, una de esas madrugadas, mientras Eleonora trataba de conciliar el sueño sintió que la lámpara se encendía. Era su marido que le decía que necesitaba decirle algo. "Estuve pensando mucho. Yo sé que tu llevas el trabajo más pesado, pero me parece que si pudimos criar muy bien a estos dos hijos hermosos, ¿por qué no podríamos criar 3?". Por un momento Eleonora sintió que la mochila pesada que llevaba esos días dejaba de presionarle la espalda. Y se quedó pensando sin responder nada; de todas maneras, tenía ganas de decirle a su media naranja que ella había estado pensando lo mismo. Claro que sería bastante trabajoso, pero después de todo era el trabajo más bonito. Pensó que si la cigüeña golpeaba su puerta sería porque, después de todo, ellos la habrían llamado. Quizá no con la mente pero si con el corazón.
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