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    Cuando se enferma me preocupo en exceso

    Desde que nació, mi niña más pequeña comenzó a mantenerme en vilo con sus problemas de salud. El primer día no respiraba bien, hubo que dejarla en observación. 20 días después tuvimos que internarla en terapia intermedia debido a un cuadro de bronquiolitis. A partir de allí, bronco espasmos continuos hasta que comenzamos con un tratamiento. Y cuando luego de unos meses por fin empezó a mejorar, tuvo unas convulsiones por fiebre alta y descubrimos que se produjo porque tenía un problema en los riñones.

    Preocupación en exceso - ThinkstockphotosPreocupación en exceso - Thinkstockphotos

    No pretendo aburrir al lector con esta especie de manual de enfermedades infantiles, sino que sólo quiero que entienda por qué durante mucho tiempo me atacaba de pánico cada vez que alguna de mis niñitas se enfermaba, especialmente la más chica.

    El detalle que no está de más explicar es mi condición de madre separada; porque si bien el padre se hace cargo, jamás pude contar con él en un caso de urgencia nocturna ya que vive a bastantes kilómetros de nuestra casa.

    Simplemente, quería ubicarlos en el contexto en el que fui criando a mis chicas. Muchas noches me fui a la cama y no podía conciliar el sueño pensando que en cualquier momento me tenía que levantar corriendo por alguna enfermedad grave. Claro que quedé un tanto alterada. En mi país decimos que "el que se quema con leche cuando ve una vaca llora".

    Con el tiempo comprendí que somos muchas las madres que tenemos esa reacción cuando se enferman los hijos. Y muchas también se preguntan: "¿Por qué a mi marido no le pasa?". Y no es que no haya excepciones, ni tampoco es una cuestión de desamor. Pero me parece que es cierto, ellos no se alteran tanto cuando los chicos se enferman debido a que hay una diferencia clave: el instinto maternal.

    No puedo decir que se trata de haberlos llevado en el vientre, porque conozco mamás del corazón a las que les sucede lo mismo. Si bien es bueno contar con este instinto que nos ayuda a ser más que responsables con nuestra cría, el problema es que los extremos nunca son buenos. Un día entendí por la fuerza que hasta podía ser un tanto culpable de que ellas se enfermen. Pasaré a explicarlo en el siguiente párrafo para darle algo de misterio.

    Despertar del hechizo

    Aún no lo sabía y yo estaba harta de preocuparme por las dolencias. Creía que mis hijas tenían un problema fuera de lo común. Me sentía la más desdichada del mundo. Recuerdo a mi padre diciendo que no exagerara, que cada vez que alguna de las chicas se enfermaba parecía que iba a ocurrir una tragedia y finalmente las cosas siempre terminaban por solucionarse.

    Con esta misma idea acudí urgente en busca de la pediatra; quería que me recetara alguna vitamina "curalotodo" o que inventara un antídoto antienfermedades para que yo no tuviera que padecer más ese terrible sentimiento de pánico. Casi, casi era una cuestión de egoísmo. Pero su respuesta me dejó atónita, no fue lo que esperaba oír. "¿Tu quieres que no se enfermen? —dijo- Lo lograrás el día que te dediques más a ti. Búscate un novio, ve a mirar vidrieras y cómprate algo de ropa…". En ese momento me indigné. ¿Me estaba echando la culpa de los achaques de mis hijas? Pero no. Me aseguró que si bien no hay que dejar de lado que estaban en una edad en la que suelen ser muy vulnerables, que también el frío ayudaba a que las pestes fueran expandiéndose, "que eso es lo normal", me aseguraba, lo que ella me quería explicar es que los chicos siempre desean que los padres pongamos la atención sobre ellos. Entonces, si se dan cuenta de que así me tendrían completamente atrapada, lo seguirían haciendo una y otra vez. "Que no te quepa duda", me terminó asegurando.

    Me fui absolutamente desconcertada. Pero quizás algo de razón tenía. Además, de tanta mala sangre también me iba a terminar por enfermar yo.

    Y aunque me costó entenderlo, de a poco fui quitando el foco y comprendiendo que si las cosas están medianamente controladas, si somos madres responsables, existen muy pocas probabilidades de que suceda una tragedia. Y si ocurre ya tendremos que ponernos a pensar en cómo resolverla mejor. Pero mientras tanto, ¿por qué no disfrutar de nuestros hijos?

    Hoy puedo decir que por las noches me acuesto absolutamente tranquila y me duermo enseguida. Eso sí, cuando noto unas líneas de fiebre sobre sus frentes no puedo evitar pensar en terribles tragedias. Pero denme tiempo, de a poco quizás algún día también pueda deshacerme de ese karma.

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