Dos modelos andróginos han acaparado las miradas en comerciales y pasarelas en el último año. Se trata de Stav Strashko y Andrej Pejić, quienes modelan por igual desnudos como vestidos, con ropa de hombre o de mujer, en producciones que casi siempre realzan la belleza de la ambigüedad.
Andrej Pejić - Bonny Ghosh | AP
La creciente presencia de los cuerpos andróginos en los medios de comunicación ha provocado incomodidad entre las mentes más conservadoras, que de inmediato sienten la necesidad de clasificar o censurar todo lo que ven —como si la vida se tratara de ir por ahí construyendo un muestrario de insectos. Más allá de las posiciones radicales, lo cierto es que la mayoría de los espectadores estamos acostumbrados a ver cuerpos estandarizados en identidades estereotipadas. ¿Ejemplo? Jennifer Lopez, "la bomba latina", o George Clooney, "el soltero más cotizado". Como en esos libritos que usan los niños para aprender a relacionar imágenes con palabras, así nos han acostumbrado a relacionar tipos de cuerpo con identidades, lo que hace más sencilla la comercialización de productos.
El uso del cuerpo en la publicidad es el pan de todos los días, la forma en que se presenta un personaje pretende generar identificación o rechazo con un producto o una experiencia. El ejemplo más burdo de la identificación o la aspiración, es el del ama de casa perfecta que sonríe mientras usa detergente Motita. O el del hombre "exitoso" que pone cara sexy mientras maneja un auto Destroyer todo terreno. Cuando se pretende generar rechazo, bueno, pues los publicistas han tenido la grandiosa idea de mostrar personas obesas o tipos raciales que se consideran poco chic. Bajo el argumento de "dirigir el mensaje a un segmento determinado", no hacen más que fomentar la discriminación, el clasismo y el racismo.
