Contar con buena salud implica, entre otras cosas, mantener en equilibrio el pH (grado de acidez o alcalinidad) de nuestra sangre y demás partes de nuestro cuerpo. La sangre por naturaleza es alcalina, una alimentación con 80 porciento de alimentos alcalinos y solo 20 por ciento de alimentos ácidos ayudara a mantener ese nivel de alcalinidad deseado en sangre.
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De forma natural, las actividades metabólicas de nuestro cuerpo liberan sustancias como el acido úrico o ácido láctico a la sangre, siendo neutralizadas por compuestos presentes en la sangre, en la bilis y los presentes en el sistema linfatico según sea el caso. Cuando nuestra dieta consiste en alimentos que incrementan la producción de estos ácidos, el pH de la sangre empieza a disminuir originando mayor grado de acidez que lleva a síntomas como fatiga, dolor de cabeza, anorexia, insomnio, por mencionar algunos padecimientos.
Ante esto el organismo reacciona tratando de estabilizar a niveles que van entre 7.3 y 7.4 de pH sanguíneo, liberando primero sodio y luego calcio para amortiguar el grado de acidez presente en sangre. El calcio será liberado de los huesos, si nuestra alimentación carece de este mineral, siendo uno de los motivos desencadenante de la osteoporosis.
La acidez crónica, tiende a provocar envejecimiento prematuro de nuestras células. Para evitar este efecto, debemos limitar el consumo de alimentos que por su metabolismo liberan sustancias que disminuyen el pH volviéndolo ácido.
Los alimentos de origen animal, principalmente la carne roja, los productos lácteos, los alimentos procesados como pan blanco, toda la gama de productos de panadería, arroz blanco y el azúcar blanco, el café, alcohol, refrescos y tabaco; así como las grasas son responsables del grado de acidez de nuestro cuerpo.
Su consumo desmedido y sin control, están causando una serie de trastornos y enfermedades, iniciando con una simple fatiga, siguiéndole una mala digestión y terminando incluso con una enfermedad autoinmune.
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