¿Alguien hubiera pensado que Billy Konchellah, aquel frágil niño asmático que vivía en Kenia, de adulto saldría dos veces campeón mundial en carrera de 800 m? Seguramente le costó un gran esfuerzo, pero logró alcanzar una de sus metas más deseadas. Y no fue, ni será el único que pudo sobreponerse a ese mal que, según cuentan los especialistas, padecen el 10 % de los chicos y el 5 % de los adultos. Lo cierto es que cada vez hay un mayor número de deportistas con el mismo problema en las competencias más importantes del planeta tierra se animan.

Un ejemplo contrario ocurrió en mi familia. Cuando mi abuela tenía atada a su lado a mi madre porque sufría de asma; y no la dejaba hacer nada, ni siquiera comerse un huevo duro, y mucho menos actividad física. Tanto es así que ella hoy le teme al agua y nunca pudo superar sus fobias.
Alrededor del asma giran unas cuantas creencias, verdaderas y no tanto. Pero lo que muchos no saben exactamente, es cómo puede repercutir la
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