El día que le colgué

El día que colgué / Foto: ThinkstockEl día que colgué / Foto: Thinkstock

Los que me conocen saben que hablar por teléfono no es lo mío. Simplemente no me siento cómoda, y más cuando las conversaciones se alargan. Contadas son las excepciones a esta "regla" (por ejemplo cuando hablo con alguien que vive MUY lejos).

Creo que lo que más me molesta es que cada vez más, y sobre todo por el uso de los teléfonos celulares, cuando alguien te marca por teléfono pareciera que tienes la obligación de contestar siempre... y yo muchas veces no tengo ganas de contestar y no lo hago, al rato regreso las llamadas.

Para mi tener un teléfono no significa que estoy disponible todo el tiempo para lo que sea.

Luego están los momentos en los que contesto y el interlocutor se arranca con una conversación sin haber considerado que quizá estoy haciendo algo que requiere toda mi atención: cocinando (¡que se quema la comida!), en el trabajo (donde todo es urgente), en el baño (donde no hace falta decir nada más), en la ducha (déjenme desafinar a gusto), o estudiando (que yo en verdad me concentraba mucho cuando fui estudiante)...

Mis amigos creo que ya lo entendieron, aunque nunca se los dije directamente y mi mamá lo tiene clarísimo por muchas conversaciones monosilábicas de mi parte, pero tuvo un novio... ¡Ay, ese novio!

Yo estudiaba, él estudiaba y no nos veíamos mucho entre semana. Por lo general nos llamábamos un día sí y un día no y yo tan tranquila. Pero un día yo estaba realmente agobiada por un trabajo final o un examen final (no recuerdo exactamente qué era). Así que me llamó, contesté y estaba yo tan monosilábica que tras cinco minutos se le ocurrió preguntarme "¿Estás muy ocupada? Si quieres hablamos después", a lo que tranquilamante respondí "Sí, estoy muy ocupada. Ya te llamo. Adiós", y colgué.

Obviamente él se dio a la tarea de sacarlo a colación en una reunión de amigos, como queriendo resaltar lo "mal que lo trataba", a lo que yo simplemente respondí: "Es que eso es lo primero que debes preguntarle a una persona cuando la llamas."

La relación no duró, quizá yo me pasé de "falta de interés", y quizá él se hartó de mi total falta de comunicación telefónica, pero sí sé que él nunca me perdonó haberle colgado el teléfono ni haberle dado más importancia a otras cosas que a él.

Hoy me río porque me pasé de "brusca", pero no de sincera.

Estoy convencida de que mi negación y total falta de hablidad para hablar por teléfono no cesarán con el tiempo, pero no dejaré de descartar llamadas entrantes según mi estado de ánimo o mi ocupación, y tampoco dejaré de insistir a todo el que me llame que al menos me pregunte si estoy ocupada antes de seguir con una conversación, a menos claro que se trate de una emergencia, donde las cosas cambian (es cuestión de prioridades).

¿Estaré exagerando?

@travesabarros

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