El primer hijo

"Cuando tuve mi primer hijo, hacía apenas un año y medio que estábamos en pareja, conviviendo. Eramos los dos muy jóvenes: yo tenía 24 años y él 28. No teníamos grandes recursos económicos, pero estábamos muy enamorados. Y recuerdo que la llegada del bebé cambió muchísimo nuestra conducta. Ya no estábamos solos, ya no nos teníamos uno al otro sin restricciones. De pronto, estábamos los dos al servicio de un tercero frágil, dependiente, demandante. El orden de prioridades se dio vuelta. Y creo que las reacciones, aunque suene poco idílico, se debieron a que no sabíamos como acomodarnos a este nuevo mapa familiar", cuenta Silvina, que hoy ya tiene dos niños.

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Desde el Centro de Psicología Clínica de la ciudad de Buenos Aires echan luz sobre esta circunstancia de la vida. "Cuando una pareja se constituye y encara una convivencia, comienza a construirse un "modelo de pareja". Se acuerdan pactos manifiestos e implícitos que determinarán modalidades de la vida cotidiana. Esta se ve afectada con la llegada del primer hijo, aunque muchos cambios vienen ocurriendo desde el embarazo —analizan-. Se producen movilizaciones en el vínculo en el plano individual, en el mundo interno de cada miembro de la pareja y en la organización del entorno."

La transformación se desata: hay dejar de ser hijo para aprender a ser padre. Esto implica todo un cambio de la perspectiva desde la cual se observa el mundo.
"Para poder elaborar este proceso —explican los expertos- se debe renunciar a la relación dual de la pareja y aceptar la incorporación de un "tercero". Este momento suele reactivar conflictivas latentes referentes a la pérdida de vínculos de exclusividad. Así como cada integrante lleva a la pareja modelos de sus familias de origen, en relación a la maternidad y la paternidad se produce un cruce de modelos parentales que a veces provocan tensiones. Aunque se ponga una dosis de buena voluntad, en algunos casos el proceso mencionado se ve perturbado y se instala un malestar cuyos síntomas se pueden manifestar de diferentes formas: distanciamiento afectivo y sexual, dificultades para compartir y disfrutar las nuevas experiencias que propone la crianza, situaciones de conflictos en los vínculos con las respectivas familias de origen, etcétera."

Por otro lado, no siempre estos temas —educación, crianza, distribución de tareas- han sido charlados en la pareja.
"Mi marido, luego de los primeros días de fascinación con el bebé, empezó a ausentarse largas horas de casa. Se iba a tomar algo con sus compañeros después del trabajo, y me dejaba sola con la bebé —cuenta Silvina-. Empezamos a tener discusiones a menudo por estos temas. Y finalmente, aunque costó bastante convencerlo, aceptó que hiciéramos una terapia de apoyo que nos ayudó a digerir lo que estaba pasando."

"Nuestro hijo acaba de cumplir un año —cuenta Ana- y aún nos pasa de comentar con mi marido: en el cuarto de al lado hay un bebé y ¡es nuestro hijo! Es increíble, porque además sentimos que siempre ha estado con nosotros. Mi marido algunos días lo contempla dormido y me pregunta: ¿Quién es? ¿Cómo era nuestra vida antes de la llegada del bebé? ¿Qué hacíamos cuando llegábamos a casa?"

Lo cierto es que, como todo acontecimiento trascendente en la vida, nunca nada volverá a ser como era antes. El proceso de adaptación puede ser largo y tormentoso.
"La maternidad y la paternidad vividas en consonancia, amadas y valoradas por ambos cónyuges, aumentan la comunicación y los niños construyen su "yo" de manera más sana cuando tienen una imagen adecuada de ambos sexos", analiza la licenciada Ana María Abel.

El psicólogo Juan Luis Linares, director de la Escuela de Terapia Familias del Hospital de Sant Pau (España),  y coautor de la guía "Sobrevivir a la pareja", afirma que las parejas suelen adaptarse a la llegada de un bebé cerrando su círculo y haciendo más rígidas sus costumbres para dar un marco de seguridad al niño. "La mayoría de las parejas tienden a unirse con la paternidad."

Convertirse en padre es una experiencia única y reveladora sobre uno mismo. Básicamente, nos enseña lo que significa la renuncia, y lentamente aprendemos a entregarnos a ese "otro" motivados por los impulsos del amor.

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