La dieta del futuro

Hay números que molestan, las calorías de los alimentos, por ejemplo. ¿¡Nos merecemos empezar a comer un chocolate por la parte de atrás de su envoltorio, donde dice chiquitito que ese alimento nos engordará más que una manzana?! Por eso, la posibilidad de reemplazarlo por un nuevo indicador, el de las nutrientes, suena casi salvador.

El relevamiento de “calorías” por  “nutrientes”  se lo debemos a la “nutrición ortomolecular” o nutrigenética, como lo llaman otros especialistas, y nació a partir del trabajo de un bioquímico llamado Linus Pauling (Premio Nobel de la Paz, dicho sea de paso), que trabajó sobre los micronutrientes: elementos nutricionales que ayudan a mejorar el equilibrio dentro de las células y que comúnmente se llaman vitaminas y minerales.

La tarea de este tipo de nutrición es analizar qué sucede con esas sustancias en nuestro organismo: por qué se necesitan, cuánto, dónde están naturalmente y cómo podemos ingerirlas. Además no se trata de una disciplina solo pensada para dietas de reducción de peso, sino para que el cuerpo tenga los nutrientes necesarios para disminuir las posibilidades de enfermarse.

En una bebida light, por ejemplo, hay muy pocas calorías pero ningún nutriente, por lo cual es tu cuerpo el que tiene que proveerlos y así se producen carencias (de calcio, de zinc, etcétera). Ingerir alimentos que no tengan calorías y que tampoco contengan nutrientes, es un problema,  ya que hay que  hacer el esfuerzo para liberarse de ellos a través de la desintoxicación hepática.

Si tu cuerpo tiene síntomas de ausencia de vitaminas y minerales lo notarás por la caída del pelo, la rotura de las uñas, el mal estado de la piel, la sensación de cansancio, la persistencia de jaquecas y cierta dificultad para concentrarte. No dudes, entonces, en balancear la dieta para el lado de los vegetales (sobre todo raíces y vegetales de huerta) en perjuicio de los alimentos de origen animal. Al mediodía podés agregarle al menú cereales o legumbres, y a la noche sumar un huevo o un pedazo de carne o pescado. Y bajo ninguna circunstancia ingerir aditivos químicos como edulcorantes.

Hay quienes consideran que este tipo de dietas también ayudan a prevenir los síntomas del envejecimiento. Entre los nutrientes esenciales que trabajan las terapias ortomoleculares en las terapias anti-age, se recomienda consumir: vitaminas A, B6, C y E, tiamina, riboflavina, niacina, ácido fólico; minerales como el cobre, el zinc, el hierro y el manganeso; microelementos como el selenio; aminoácidos como la cisteína; y enzimas como el superóxido dismustasa y la catalasa.

Entre las hormonas que ayudan a prevenir los síndromes del envejecimiento, se encuentran:
* Insulina: manzana, banana, huevo, verduras de hojas verdes (sobre todo, la espinaca), ostras, lomo de cerdo, salmón, camarones, langosta, cangrejo.
* DHEA (dehidroepiandrosterona): huevo, queso de cabra, langosta, salmón.
* GH (hormona de crecimiento): carnes magras, pescado, huevo.
* Melatonina: banana, brócoli, espinaca, tomate.
* Testosterona: carnes, pescados azules, ananá, mangos, melón, manzana, naranja, banana, verduras de horas verdes.

Como todos los cambios de rutinas, los relacionados con la alimentación también deben ser paulatinos y estar acompañados por la consulta a un nutricionista, de manera que sean acordes a lo que el cuerpo de cada uno necesita.

¿Te parece una buena alternativa para modificar tu dieta?

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