Socios y pareja

Horas juntos en el trabajo compartiendo los problemas del trabajo. Y horas juntos en la casa, con largas sobremesas en las que la oficina vuelve a ser el tema. El corte que no llega, los enojos que se trasladan de un lado al otro y complican la convivencia en ambos espacios. Y esto no es todo. ¿Qué pasa cuando encima uno es el jefe del otro? ¿O cuando ella, por ejemplo, se lleva bien con el jefe y él lo detesta? ¿Y si a ascienden al hombre y a ella la congelan en su puesto por años?

Aprender a trabajar en pareja bajo el mismo techo no es sencillo. Aunque nadie puede negar que, entre otras cuestiones, es una ventaja saber quién es el del escritorio de al lado y hasta dónde puede rendir. Si muchos novios y matrimonios han elegido ser socios, y  mal no les ha ido, es porque existe una receta. Aquí van algunas previsiones que conviene tomar si se quiere llegar a buen puerto:

• Reglas laborales claras: las causas más frecuentes de tensión en las parejas que son socios son la asignación de roles, la supervisión, definir quién toma qué decisiones, la asignación de sueldos y participaciones. Todos esto tiene que ser discutido antes de arrancar y si es posible, haber sido puesto por escrito.

• Trazar la frontera: A menudo se trasladan las relaciones del hogar a la empresa. Y así, un hombre que cree que en su casa tiene la última palabra, puede sentirse mal si  las órdenes en el trabajo las da la directora de la empresa, que es su esposa. Los especialistas aconsejan cumplir al pie de la letra con aquello de “aquí no es tu mujer”. Y no es la pareja la única que tiene que tener presentes estos límites, los  empleados también deben tener claro el rol de cada cual. No puede haber dos jefes. Si ambos dan órdenes, pueden duplicar tareas o propiciar una situación de ‘jefe bueno’ y ‘jefe malo’, que los empleados aprovecharán.

• Hablarlo todo: hacer crecer un negocio implica revivir la etapa desgastante del arranque, invertir tiempo, dinero y esfuerzo, y quitárselos a la familia o a la pareja. Supone, incluso, abrir la empresa a la participación de terceros, que pueden cambiar la dinámica de los socios-pareja. Si uno de los dos no está convencido, hay que repasar los objetivos de cada cual y plantear qué desean del negocio, con la misma sinceridad que en el principio.

• Plan de vida: ser socio de tu pareja requiere, necesariamente, que ambos estén ‘casados’ con el negocio. Hay quienes aconsejan a estas parejas socios hacer un  plan de vida para poder tener muy en claro cuáles son las prioridades de cada uno y qué están dispuestos a hacer para respetarlas. .

• No todo es miel: es fundamental que los esposos o novios tengan conciencia de los retos y sacrificios que implica el negocio: Acudir a un asesor financiero, que les ayude a proyectar sus gastos y necesidades como pareja, y los flujos de su negocio, podría ser una buena idea.

Emprender juntos puede detonar una complicidad única, puede ser una gran aventura. Ni el estrés, ni la suspicacia de otros son infranqueables. Solo se trata de ponerle un poco de cabeza al corazón, y viceversa.

¿Has trabajado con tu pareja? ¿Cómo fue la experiencia?

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