Vivir a la defensiva

“¿Qué querés decirme?”, preguntamos más de una vez ante algún comentario que creemos con dobles intenciones.  Y hasta si nos cruzan con un elogioso “che, estás más flaca”, hay ocasiones en las que respondemos con un “¿me estás diciendo que antes estaba gorda?”. A veces, hay algo en el otro que nos hace sentir inseguros. Entonces lo primero es sospechar y salir al cruce con excesivo recelo, preparados para resistir lo que suponemos es un claro ataque.

Está demostrado que quienes eligen vivir en permanente alerta ven rivales donde no los hay. Y a la larga terminan aislándose, ya sea porque lo deciden personalmente al sentirse amenazados o porque los demás los apartan como consecuencia de su agresividad. También suelen terminar siendo personas distantes y frías, reacias a intimar.

¿Podemos aprender a relajarnos sin sentir que por eso estamos bajando la guardia?  ¿Cuánto de defensa real y cuánto de paranoia encierran estas actitudes?

El filósofo y periodista español José Ortega y Gasset ya nos había dicho “argentinos a las cosas” aconsejándonos: “Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes el brinco magnífico que dará este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal".

Por eso, aquí van tres aspectos que convienen que tengamos en cuenta al pararnos frente a alguien que nos despierta desconfianza y que creemos un enemigo en potencia:

- No reaccionar ante el primer indicio de que el otro no tendría buenas intenciones. Ser precavidos en un principio y aprender en ese tiempo a agudizar nuestro sexto sentido, estando atentos a sus comentarios sobre nosotros y sobre los demás (por ahí descubrimos que es así con todos).

- Tratar de no ser víctimas de la profecía autocumplida: de tanto pensar “me va a traicionar, me va a traicionar”, terminamos siendo traicionados.

- Consultar a un tercero. Avisarle de la situación que estamos atravesando e invitarlo a actuar como un observador neutral. Es importante tener otro punto de vista antes de decidirnos a “patear el tablero” o a tomar distancia.

La confianza en nosotros mismos, sin embargo, será lo que nos ayude a constituirnos como personas más allá de la opinión de los otros. Nadie nos dañará con sus dichos y habladurías si estamos seguros de quienes somos realmente.

¿Sos desconfiado? ¿Qué actitudes del otro te encienden la luz roja? ¿Cómo reaccionás?

 

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