Fortaleciendo la autoconfianza de los chicos

Por: Silvia Renata Figiacone

Una de las mayores riquezas de una paternidad bien ejercida es la sensación de autoconfianza de los chicos. Cuando los padres trabajamos para que nuestros hijos sientan confianza en sí mismos estamos sembrando semillas de una adultez más satisfactoria.

ThinkstockphotosThinkstockphotos

En un texto destinado a que los padres aprendamos a fortalecer la resiliencia de los chicos, KR Ginzburg (2006) sugiere que la autoconfianza echa raíces en la competencia, y que si los padres queremos hijos con confianza en sí mismos, debemos genera para ellos oportunidades de poner a prueba su capacidad de resolver todo tipo de situaciones.

Solo cuando sepan que pueden resolver problemas tendrán sensación de confianza en sí mismos, expresa Ginzburg.

Para ganar confianza los chicos deberán asumir riesgos y desafíos y los padres debemos permitir que lo hagan. Sin ello no será posible que se sientan seguros y satisfechos con sus posibilidades.

Para hacer a los chicos más fuertes en la capacidad de confiar en sí mismos tenemos que tener cuidado con las respuestas que damos en situaciones de fracaso. Aquellos padres que se obstinan en evitar la percepción de fracaso y se empeñan en decir a los chicos que no se han equivocado cuando éstos dicen haberlo hecho, abonan la tendencia a sentirse inseguros e incapaces. Cuando un chico cree y siente que algo le salió mal no será la palabra del adulto lo que lo convencerá de lo contrario.

Por eso Ginzburg dice que “al contrario de intentar animar a un chico cada vez que fracasa o se siente mal, debemos focalizar en su resiliencia”.

La resiliencia es, en palabras simples, la capacidad que tiene una persona para hacer frente a la adversidad. Más allá de tener componentes genéticos vinculados a la naturaleza de cada uno, se nutre y mucho de las redes de apoyo con las que cada individuo cuenta. Los padres somos componentes esenciales de las redes de apoyo de nuestros niños y marcamos muchas veces la diferencia entre fortalecer y debilitar la resiliencia de cada uno de ellos.

“Todos tenemos fracasos. La gente resiliente aprende un poco de cada fracaso. Sabe cómo hacerlo mejor la próxima vez. Son persistentes. Usan las emociones negativas para obtener coraje para seguir” (Ginzburg).

¿Cómo hacerlo?

Ignacio está aprendiendo a caminar. Como todo chico que recién comienza cada vez que se cae mira a sus padres y llora. Su mamá, María, lo abraza y dice “¡pobrecito mi corazón! ¡Se cayó! Mamá le hace unos mimos.” Lo alza y lo abraza pero no vuelve a ponerlo en el suelo.

Juan también está aprendiendo a caminar. Al igual que Ignacio, se cae con frecuencia y cuando mira a sus padres estos le dicen, “¡Dale Juan, arriba! ¡Eso pasa cuando se aprende a caminar! ¡Y eres un bombón que puede hacerlo! Vamos a intentar otra vez”.

A pesar de que Juan e Ignacio no hablan y ambos pucherean cuando se caen, Juan tiene una ventaja sobre Ignacio: sus padres le transmiten a cada paso (literalmente) “no importa cuánto fracases, siempre es bueno intentar otra vez, aquí estamos para apoyarte”.

Ese mensaje lo acompañará hasta el fin de sus días y marcará la diferencia con chicos como Ignacio que crecerán con temor a fracasar y expresarán emociones negativas cuando lo hagan en busca de consuelo.

La confianza en sí mismos resulta de la competencia evidente, del poder hacer. Ignacio camina menos que Juan, se siente menos competente para caminar. Juan tiene más experiencia. Se cae y se levanta. A los pocos días cuando se cae se ríe. Se siente confiado en sí mismo para el desafío de moverse solo. Con tan solo 12 meses aprendió una valiosa lección.

Pagination

(2 Páginas) | Leer todo
Cargando...