Los amores tóxicos

Amores tóxicos / iStockphoto

Julia tiene 26 años. Desde sus primeras relaciones ha repetido el mismo patrón: su deseo por ser amada es tan fuerte que termina por convertirse en aquello que su pareja quiere que sea. En una de ellas no sólo transformó sus actitudes sino también su cuerpo: como su novio le decía que estaba gorda, bajó 11 kilos, como a él le atraían mucho las rubias, se tiñó el cabello. Estaba a punto de pasar por una cirugía de senos para aumentar su tamaño, cuando se dio cuenta de que había algo extraño en su comportamiento con los hombres, una mezcla de necesidad, angustia, miedo a la soledad o al abandono. Después se encontró un chico que la trataba respetuosamente, y al cambiar el patrón de conducta se percató de la dimensión de su problema: "Por miedo a que me rechazara, yo era incapaz de plantear cualquier desacuerdo, ni siquiera me atrevía a negociar. Entonces él me hizo ver que eso me estaba impidiendo construir una relación de auténtica intimidad".

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Al igual que Julia, muchas personas establecen relaciones en las que el más vulnerable coloca los deseos del otro por encima de los suyos. Pero más que relaciones de amor, se trata de relaciones desiguales de poder.

De acuerdo con el psicoanálisis, las relaciones humanas están guiadas por deseos e influenciadas por el subconsciente. Dos personas que se conocen y se atraen, imaginan que encontrarán en el otro eso que están buscando, creen que esa persona puede satisfacer sus deseos, aliviar sus miedos y cubrir sus carencias. De esa forma creamos apegos, pero con el tiempo éstos se convierten en relaciones más complejas, maduras y —ojalá— respetuosas de los límites del otro. Pero hay veces que la relación no avanza hacia la madurez sino que permanece en el nivel de la dependencia primera; como si volvieran al pasado, a la infancia en donde surgieron sus primeras heridas, ambos se instalan inconscientemente en un rol del cual resulta muy complicado salir.

Y es que el inconsciente busca lo que conoce. Pongamos el caso de una persona que vivió en su infancia una situación de abandono, abuso, falta de amor o cualquiero otro traumatismo que no fue atendido en su momento. Lo más probable es que cuando crezca construya relaciones similares. No es casualidad que alguien así se relacione con personas "tóxicas", es el inconsciente quien lo lleva hacia relaciones conocidas: dominación, evasión o manipulación, comportamientos impredecibles o adictivos, violencia física o psicológica, inmadurez, etcétera. Estos mismos venenos que contaminaron la psique en la infancia, condicionan las relaciones futuras.

La buena noticia es que se puede romper con el patrón, pero requiere todo un trabajo. Por ejemplo, Julia confiesa que todo el mundo le decía que esa forma de relacionarse con los hombres no estaba bien, pero ella no hacía caso: "hay algo que te inmoviliza, que no te deja desprenderte, aún sabiendo que te está haciendo daño no puedes dejarlo". Eso que impedía a Julia terminar con la relación era una adicción similar a la que viven los alcohólicos o los drogadictos, algo destructivo y seductor a la vez. Alguien que actúa como un dictador, arrogante y sarcástico, también suele ser seductor y carismático, usa el chantaje emocional con elegancia y va por la vida dando consejos a los demás "por su bien". Tan difícil es reconocerlos como desprenderse del vínculo adictivo hacia ellos. Como todas las toxinas, estas relaciones también tienen sus recompensas —aunque perversas—: ser manipulado o dominado provoca cierto placer, pues produce una sensación de seguridad y un sentido de reconocimiento.

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Adicción al amor
Se dice que un codependiente atrae a otro. Sin embargo, en una relación de pareja no pueden jugar los dos el mismo rol: mientras que uno se posterga y se niega a sí mismo, el otro recurre a la seducción, la emoción o el miedo para manipular y satisfacer sus necesidades narcisistas. Se dice que el sexo y el amor forman parte de la misma patología relacional. Los adictos al sexo tienen una necesidad de contacto sexual, pero están disociados emocionalmente del acto mismo. Los adictos al amor buscan la seguridad de una relación, por eso se entregan tan rápido y llevan las cosas muy lejos. Su anhelo mobiliza las mismas hormonas de placer que la cocaína y puede ser tan adictivo como ésta. Dicha necesidad conlleva problemas de comportamiento, baja autoestima, ansiedad, abnegación, abuso.

La adicción al "mal amor" es una patología asociada a otras adicciones. En Europa le llaman codependencia afectiva. Es tan poderosa, compulsiva y discapacitante como la dependencia al alcohol, al sexo y al juego. Toca con mayor frecuencia a las mujeres debido a la vulnerabilidad en la que el sistema las ha colocado. Quien entra en una relación destructiva se obsesiona por el otro, es incapaz de poner límites o sana distancia.

Las relaciones tóxicas, como también se les ha llamado, no sólo se dan en la pareja, también entre amigos, familiares, jefes y empleados. Se les puede reconocer por tres tipos de pérdida: pérdida de autonomía, de energía y de autoconfianza. Si las relaciones sanas se caracterizan por un sentimiento de ligereza, libertad o seguridad, las tóxicas van acompañadas por incomodidad e inseguridad que generan estrés, tensión, agotamiento, insomnio y trastornos de alimentación.

Existen tres patrones de comportamiento en las relaciones tóxicas: pasividad, miedo de romper el vínculo y sufrir las consecuencias, y miedo a causar daño. Lo primero es reconocer cuál de las relaciones del pasado está movilizando la adicción en el presente. Luego hay que tomar distancia, trabajar en la responsabilidad de cada quien, entender las necesidades y establecer límites. Reestablecer la autonomía financiera, por ejemplo, es una forma de reducir el poder del otro. Aprender a tratarse y ser tratado con dignidad y amor, a escucharse y satisfacer las necesidades fundamentales, es una forma de ser menos vulnerables.

Clínica detox
Existe en Nuevo México, Estados Unidos, una clínica para adictos al mal amor. Desde su apertura, Life Healing Center ha tratado con éxito a más de 400 mujeres. Como en todo proceso de desintoxicación, hay varias fases: nada de relacionarse con los hombres o hacer llamadas, terapias individuales y grupales, tutores para aprender a identificar los signos de un comportamiento adictivo, ejercicios para reconectar el cuerpo y las emociones, para hacerse cargo de uno mismo y no volver a depender, etc.
A esta clínica han llegado mujeres para reconstruir las fronteras emocionales que les permitirán volver a relacionarse con los demás; antes de involucrarse o tener una relación sexual, es crucial tomarse su tiempo. En la clínica recomiendan que después del tratamiento no se tengan relaciones en los próximos seis meses. Y es que, al igual que los adictos al alcohol o a las drogas, se dice que uno es "adicto al amor" de por vida.

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¿Has vivido una relación así? ¿Cómo hiciste para superarlo?

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