Tú puedes hacer la diferencia

Haz la diferencia/ iStockphoto

A veces pensamos que para hacer del mundo un lugar más habitable se necesitan muchos millones de dólares. Yo no comparto esa idea, o no del todo. Creo que hay pequeñas acciones cotidianas capaces de cambiar (para bien) la vida de una comunidad. Cuando uno se compromete con el pedazo de mundo que le tocó vivir, se puede generar un cambio duradero y hacer la diferencia.

Salva una vida, sea humana, animal o vegetal. Todas son importantes por igual. Si andas corta de dinero, ve al hospital público más cercano y dona sangre para alguien que lo necesite. Únete a campañas de reforestación, siempre están buscando voluntarios. Lo mismo para cuidar a los animales. Si vives en la ciudad, busca una red de veterinarios o de hogares para mascotas abandonadas; puedes ayudar a encontrarles un nuevo hogar sin tener que adoptarlos, o bien, ofrecerte para jugar con ellos una o dos veces por semana. El tiempo y el cariño que les des hará la diferencia en su vida.

Alimentación con sentido. ¿Sabes de dónde viene el café, la fruta o el pan que tomas cada mañana? Cada plato de comida puede ser una oportunidad para mejorar la vida de una comunidad. Haz un compromiso alimentario: busca aquellos alimentos producidos de manera sustentable o adquiere tu comida directamente con el productor. Cerca de tu localidad debe haber un mercado o un grupo de productores a los cuales puedes apoyar directamente con tu compra.

Diviértete ayudando. En tu barrio o ciudad seguramente hay alguna institución (casa hogar, asilo, talleres de rehabilitación) en busca de benefactores. Tú puedes apoyar su causa aún cuando estés pasando por un tiempo de austeridad económica. Una forma de hacerlo es organizar una cena o una fiesta de caridad en casa. Piensa en algo sencillo, con familia, amigos y conocidos del trabajo. Pídeles que aporten lo mismo que gastarían si salieran esa noche a un restaurante o un bar. Cocina tú misma, prepara un buen playlist y no olvides contarle a los invitados sobre las personas que estarán recibiendo su ayuda.

Ofrece tu tiempo. En tu círculo de amigos seguramente hay alguien que necesita de ti un par de horas a la semana. Para una mamá, por ejemplo, tener alguien que cuide a sus hijos una tarde es un alivio enorme. Lo mismo los ancianos, a veces sólo necesitan quien los acompañe al supermercado, al parque o a su sesión de ejercicio semanal.

Solidaridad en movimiento. Usar la bicicleta, reciclar los desechos, caminar, tener un huerto en casa u organizarse para bailar en una plaza o en un parque son acciones que no sólo te benefician a ti, también enriquecen la vida de los demás al generar más oxígeno disponible, más espacios para convivir y menos estrés en el ambiente.

Piensa local. Preferir la comida, la ropa, los productos de belleza, las bandas de música, los restaurantes, los talleres e incluso el arte de tu localidad es una manera de generar prosperidad en tu entorno. Este beneficio no sólo se da a nivel económico, también se generan vínculos, solidaridad y redes de comunicación y organización en momentos clave.

¿Qué otras acciones cotidianas pueden contribuir a hacer la diferencia en tu comunidad?

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