Mi exmarido gay

Parece que la “nanny” no pierde la sonrisa abierta y brillante que la caracteriza aun cuando tiene que afrontar lo que para muchas sería, por lo menos, una situación embarazosa. Por el contrario, Fran Drescher (54) hace culto a aquello de trasmutar los golpes de la vida en comedia. Nadie podría decir otra cosa después de verla por estos días, tan espléndida y carismática en el estreno latinoamericano de Happily Divorced, la nueva sitcom en la que hila con humor algunas de las anécdotas que vivió durante la separación de su marido, el productor Pe- 3 ter Marc Jacobson (53), asumido gay después de 21 años de matrimonio con la actriz. Una ruptura sólo marital. Porque con Jacobson seguirá, tal como lo hizo en The Nanny, conformando la dupla creativa a cargo de la producción general de la serie que, emitida por la cadena TV Land, va por la segunda temporada en Estados Unidos y por estas latitudes estrena a fines de abril. La serie la tiene nuevamente a ella como protagonista y a él, como productor.

“Mi exesposo y yo somos grandes amigos, somos almas gemelas. Nuestro amor es único, extraño e incondicional. Estamos presentes en la vida del otro, a pesar de que ya no estamos juntos, y por eso decidimos emprender esta serie cuyo mensaje global es que si en un principio las personas son felizmente casadas, por qué no pueden estar felizmente divorciadas”, contaba Francine Joy –tal es el nombre completo de esta mujer nacida en Queens, Nueva York– hace poco en una entrevista, a propósito del éxito de esta nueva apuesta que ya da que hablar en todo el mundo.

MI VIDA EN LA PANTALLA. Si en la serie fetiche The Nanny Drescher encarnaba a una niñera desopilante, de religión judía, uno de los tantos puntos en común con su propia historia (ver “De Queens a Hollywood”), esta vez interpreta a una florista (Fran) que por problemas económicos tiene que seguir conviviendo con su exesposo, un vendedor inmobiliario llamado Peter (John Michael Higgins), después de que éste le anunciara su homosexualidad tras dieciocho años de matrimonio. Así Fran buscará vivir su soltería con plenitud y Peter hará lo suyo compartiendo una casa en la ciudad de Los Angeles. Pero ¿cuán inspirada está esta sitcom en la propia historia de la actriz y su exmarido, el hombre del cual se enamoró durante los años de secundaria y con el que compartió más de dos décadas? Muchas son las coincidencias, aunque también varias las diferencias. Igual que sus personajes, Jacobson y Drescher no tuvieron hijos; sin embargo, la pareja de productores no se separó en 1999 por la elección sexual de Jacobson.

La confesión de la homosexualidad llegó tiempo después. Es más, la decisión de Fran de divorciarse porque “necesitaba un cambió de vida” –uno de los motivos que la actriz manifestaría públicamente después– no le cayó bien a Jacobson, quien pasó algunos meses sin dirigirle la palabra. La reconciliación llegó luego de que la actriz lo llamara una triste mañana del año 2000 para contarle que le habían diagnosticado cáncer de útero. Trás recibir esa triste noticia, él le reveló sus dudas respecto a su sexualidad. Y si bien enterarse fue un shock –confesó ella–, esta intimidad se hizo pública en los medios recién en 2010, casi a propósito de la promoción de la nueva serie.

“Honestamente, para mí fue un alivio, porque él no quería el divorcio y yo me sentía muy culpable de haber empujado a que esto ocurriera. En cierta forma conocer su inclinación generó un equilibrio. Me sentí menos culpable, porque me di cuenta de que al divorciarnos él pudo por fin entrar en contacto con su identidad sexual y vivir una vida más auténtica”, confesó y reveló detalles del último tiempo que vivió junto a su entonces esposo.

“El se había vuelto muy controlador. Nos llevábamos bastante bien y la vida sexual era saludable, pero no podíamos estar bien. Creo que algunos de los problemas eran por su carácter, pero otros sucedían porque él reprimía su sexualidad. Definitivamente esta serie está inspirada en mi verdadera experiencia de vida, aunque mi esposo no salió del clóset hasta después de que nos divorciáramos.”, confió la actriz.

Revelaciones de las que el propio Jacobson también daría cuenta a la hora de entender sus propias contradicciones. “Una parte de mí siempre supo que era gay, pero evidentemente lo enterré. Me enamoré de Fran en la secundaria… Vi a psicólogos y todos insistían en que yo era heterosexual. De hecho, teníamos más sexo de lo que tienen muchas parejas heterosexuales que conozco. Pero ahora que pasó el tiempo me doy cuenta de que evidentemente estaba continuamente encima de ella, preocupado por cómo actuaba, cómo se vestía o por su peso”.

TORMENTOSA FELICIDAD. Pero el divorcio del hombre que en definitiva fue su gran amor (después de la separación no volvió a entablar otra pareja y sólo se le conoció un romance fugaz con un hombre dieciséis años menor que ella) no fue, por lejos, lo más difícil que la actriz tuvo que afrontar en su vida. Una noche de 1985, a sus 28 años, Drescher, fue abusada sexualmente por uno de los dos ladrones que entraron a su casa de Los Angeles, mientras su marido era inmovilizado con un arma. Pero en esta oportunidad también pudo encontrar un mensaje esperanzador y optimista que supo compartir con la comunidad femenina. “Fui víctima de una violación a punta de pistola y he sido muy abierta al respecto para decirles a las mujeres que si pasan por algo así, nunca es su culpa, no es nada de qué avergonzarse. Debemos aprender a vivir más a la defensiva y no ir por la vida siendo sumisas”, reconoció públicamente.

Varios años después de aquella dolorosa experiencia, en 2000, cuando los médicos le anunciaron que padecía cáncer de útero, pudo sobreponerse con entereza. De hecho, se convirtió en una de las principales celebrities que brinda apoyo a las mujeres víctimas de esta enfermedad. Creó la fundación Cancer Schmancer Movement, desde donde apoya permanentemente a organizaciones y a grupos de mujeres en la toma de conciencia para la detección de esta enfermedad y en los derechos de los pacientes que la padecen. Como reflexionó en una entrevista, su vida entera ha sido “convertir cambios negativos en positivos”. “Mientras puedas hacer eso con los golpes de tu vida y puedas convertir tu dolor en un propósito y usarlo para ayudar a otras personas, te llevás una gran experiencia de este mundo”.

Exactamente es el lema que viene inspirando su vida y vuelve a probar en Happily Divorced, la apuesta que tampoco está exenta de mensajes alentadores. “Este programa está a la vanguardia de un debate generalizado: la equidad en el matrimonio y el modo de integrar a la comunidad gay a la sociedad de una manera mucho más justa. Muchas mujeres me escriben para contarme que les encanta la idea de vivir felizmente divorciadas, porque es un concepto que no se ha abordado en el pasado. El matrimonio puede ser sumamente hermoso si estás enamorado y puedes crecer en él, pero no hay razón alguna por la que haya que padecerlo. Hay que disfrutarlo en plenitud. Eso sí: toma mucho más trabajo estar felizmente divorciada que felizmente casada”.

En su caso, ella lo viene logrando muy bien. Después de la separación se mudó con su perro –un caniche al que bautizó Esther– a Malibú (California). Por ahora está “felizmente” soltera, espléndida y con muchos desafíos por delante. ¿El próximo?, esperar cómo toman sus admiradores este particular capítulo de su vida privada.

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